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Frases Llenas

Comerciantes de atención de Tim Wu

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 8 de junio, 2021


Título original: The Attention Merchants: The Epic Scramble to Get Inside Our Heads.
© Tim Wu
© De la traducción: Paula Zumalaćarregui Martínez
Editorial: Capitán Swing.

En un momento en que el acceso a la información es prácticamente ilimitado, nuestra atención se ha convertido en un producto fundamental para el mercado. ¿Sentimos que desafían nuestra atención? Los negocios de Occidente dependen de ello.

En casi cada momento de nuestras vidas, nos enfrentamos a un aluvión de mensajes, incentivos publicitarios, marcas, redes sociales y otros esfuerzos para captar nuestra atención. Pocos momentos o espacios cotidianos permanecen intactos por los “comerciantes de atención”.

Pero Tim Wu sostiene que esta condición no es simplemente el subproducto de innovaciones tecnológicas recientes, sino el resultado de más de un siglo de crecimiento y expansión de las industrias que se nutren de la atención humana.

Desde el nacimiento de la publicidad hasta la explosión de la web móvil; de la invención del correo electrónico a los monopolios de atención de Google y Facebook; desde Ed Sullivan hasta marcas famosas como Oprah Winfrey, Kim Kardashian y Donald Trump, el modelo de negocio básico de los comerciantes de atención no ha cambiado: desvío gratuito a cambio de un momento de nuestra consideración, que a su vez es vendido al anunciante con la oferta más alta.

Tim Wu. Washington D.C. (EE.UU.), 1972. Abogado estadounidense, profesor en la Escuela de Derecho de Columbia y colaborador de opinión en The New York Times. Es un académico experto en industrias de medios y de tecnología, especializado en leyes antimonopolio, derechos de autor y telecomunicaciones. Wu fue seleccionado entre los «100 abogados más influyentes de Estados Unidos» por The National Law Journal en 2013, así como en «Político 50» en 2014 y 2015. Además fue nombrado una de las cincuenta personas del año por la revista Scientific American en 2006 y uno de los cien graduados más influyentes de la Universidad de Harvard por la revista 02138 en 2007. Su libro The Master Switch fue nombrado entre los mejores libros de 2010 por las revistas The New Yorker, Fortune, Publishers Weekly y otras. De 2011 a 2012, fue asesor de la Comisión Federal de Comercio y de 2015 a 2016 fue asesor de la Oficina del Fiscal General de Nueva York, donde inició una exitosa demanda contra Time-Warner Cable por publicidad falsa de sus velocidades de banda ancha. En 2016, Wu se unió al Consejo Económico Nacional en la Casa Blanca de la administración Obama para trabajar en política de competencia. Ha ganado dos veces el Premio Lowell Thomas por escribir sobre viajes y en 2017 fue nombrado miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Está casado con Kate Judge, también profesora de Derecho de Columbia, y tienen dos hijas.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Los anunciantes llevaban tiempo codiciando tener acceso directo a los jóvenes que son muy impresionables y más influenciables. Establecer una relación cordial con Coca-Cola o con McDonald’s a edades tempranas puede proporcionar beneficios que duren toda la vida o, como se dice en el sector, “dirigir las decisiones de compra y generar conciencia de marca”.
  • A lo largo del último siglo hemos aprendido a aceptar una situación muy diferente, según la cual en la medida de lo posible se explotan comercialmente casi todos los ámbitos de la vida. Como adultos, no estamos casi nunca en una posición inalcanzable; siempre tenemos cerca algún tipo de pantalla; rara es la vez que no se apela a nosotros o se nos vende.
  • Desde sus inicios, la industria de la atención, en sus múltiples variantes, ha exigido y acaparado cada vez más horas de nuestra vida, siempre a cambio de nuevas ventajas y distracciones, por medio de un gran acuerdo que ha transformado nuestra vida.
  • El juego de cosechar la atención humana y de revendérsela a los anunciantes se ha convertido en la parte fundamental de nuestra economía.
  • La atención se considera en líneas generales un artículo de consumo, como el trigo, las tripas de cerdo o el petróleo.
  • Empezando por la radio, todos los nuevos medios de comunicación alcanzaron viabilidad comercial revendiendo la atención que lograban captar a cambio del contenido “gratuito” que ofrecían.
  • Poco a poco, lo que antes era escandaloso se fue normalizando y nuestra forma de vida se fue plegando cada vez más a la lógica del comercio, pero de una forma lo suficientemente gradual como para que ya no percibamos nada extraño.
  • ¿Y a mí qué más me da el auge de los comerciantes de atención? ¿Por qué debería importarme? Pues sencillamente porque esta industria, que se dedica precisamente a influir en nuestra conciencia, puede definir por completo cómo vivimos nuestra vida.
  • Sin duda, algunos de los productos que recibimos diariamente a cambio de nuestra atención, como noticias, entretenimiento de calidad o servicios ventajosos, nos salen a cuenta. Otros, en cambio, no.
  • Como observó William James, tenemos que pensar que, cuando lleguemos al final de nuestros días, la experiencia de nuestra vida equilvaldrá a aquello a lo que hayamos prestado atención, por defecto o por elección propia. Aunque no terminemos de ser conscientes de ello, corremos el riesgo de vivir una vida que nos pertenezca mucho menos de lo que nos imaginamos.
  • Entre la década de 1890 y la de 1920 surgieron los primeros medios de cosechar la atención a escala colectiva y de dirigirla con un propósito comercial gracias a lo que hoy en día conocemos, en sus múltiples variantes, como publicidad.
  • La idea de Benjamin Day consistía en intentar vender los periódicos a un centavo, que era el precio normal de muchos productos cotidianos, como jabón o cepillos. Estaba convencido de que con ese precio lograría captar a un público mucho mayor que sus rivales, que vendían los periódicos a seis centavos. Sin embargo, lo que hacía que la idea fuese arriesgada, e incluso potencialmente suicidad, era que Day perdería dinero con la venta del periódico. Day recurriría a un modelo de negocio diferente pero importante en términos históricos: revender la atención del público ,en otras palabras, hacer publicidad.
  • A diferencia de los de años venideros, de carácter persuasivo y retórico, los primeros anuncios eran estrictamente informativos. La mayor parte consistía en lo que llamaríamos “clasificados”.
  • En algún momento mágico durante aquel primer año, se obró el milagro: los beneficios generados por los anuncios de pago superaron a los costes. A partir de ese momento, el mundo ya nunca fue el mismo.
  • Day había comprendido que las ganancias que obtenía de la venta de los diarios eran insignificantes: lo que importaba de verdad eran los ingresos derivados de la publicidad.
  • El hecho de que tantísima gente recibiera noticias a diario dio lugar a lo que Jürgen Habermas ha denominado la “esfera pública”. Un término más cotidiano para ellos es “opinión pública”.
  • Como bien saben los políticos, los luchadores profesionales y los raperos, hablar mal de los demás sigue siendo una forma efectiva de llamar la atención.
  • Cuando haya competencia, la carrera se dirigirá de manera natural hacia las cloacas; la atención tenderá de manera casi invariable hacia la alternativa más chillona, espeluznante e indignante, hacia cualquier estímulo que implique lo que los científicos llaman la atención “automática” en lugar de la atención “controlada”, esa que prestamos de manera intencionada.
  • Si la historia de la captación de la atención nos enseña algo es que los límites son, a menudo, teóricos, y que cuando son reales casi nunca son autoimpuestos.
  • El periódico no tardó en desdeñar algo que se consideraría ética periodística fundamental: ceñirse a los hechos.
  • Antes de Jules Chéret, los carteles solían ser bloques de texto que a veces contenían una pequeña ilustración; eran parecidos a las portadas de los libros, solo que de mayor tamaño. Los carteles parisinos gigantes no fueron los primeros que se produjeron en serie, pero sí que supusieron una innovación tecnológica y conceptual. Pese a su estatismo, evocaban una sensación de energía frenética con sus vivos colores en contraste y sus hermosas mujeres semidesnudas, y esos elementos hacían que fuese casi imposible que pasaran desapercibidos.
  • Los científicos han comprendido algo que resulta absolutamente fundamental que entendamos sobre el funcionamiento del cerebro humano antes de proseguir: que tenemos la increíble y magnífica capacidad de no hacer ni caso.
  • Nuestra capacidad de no hacer caso es tan llamativa como nuestra habilidad para ver u oír.
  • Esa habilidad (la de bloquearlo casi todo y concentrarnos) es lo que los neurocientíficos y los psicólogos llaman “prestar atención”.
  • Nuestra capacidad de ignorar se ve limitada por otro hecho: siempre estamos prestando atención a alguna cosa.
  • Para triunfar, los comerciantes de atención tienen que motivarnos para que apartemos la atención de donde esté y se la prestemos a otra cosa. No hace falta que sea un cálculo razonado.
  • El atractivo de los carteles no se reduce a eso. No es casual que capten la atención del transeúnte cuando este va de camino a algún sitio. Los momentos en los que la gente puede estar aburrida, mientras espera el tranvía o sencillamente al ir de paseo, buscando algo que le llame la atención. La costumbre de contemplar el mundo sin nada mejor que hacer ha sido una práctica humana que existe desde el surgimiento de la especie.
  • Nuestra habilidad para ignorar las cosas es adaptativa; con la exposición suficiente, puede volvernos indiferente a cualquier estímulo. A causa de este fenómeno, la actitud de los comerciantes de atención siempre tiende al exceso, casi hasta el punto (que a veces alcanza) de resultar estremecedora.
  • Cada vez que un cartel capta tu atención, aunque sea apenas un instante, alguien se ha adueñado sin tu consentimiento de tu conciencia (y quizá de algo más).
  • Zarandeados por intromisiones constantes, a veces llegamos al punto de sentir que ya estamos hartos, y a la larga las industrias de la atención no pueden ignorar ese sentimiento.
  • Antes de la era de la democracia, que trajo consigo el siglo XIX, casi ningún poder político tenía necesidad de influir en sus súbditos.
  • Con su combinación de preceptos morales y rituales diarios y semanales, hacía tiempo que la religión organizada había tomado la atención humana como su sustrato fundamental.
  • En última instancia, la atención es un juego de suma cero.
  • Gracias a la venta de medicamentos milagro, la publicidad demostró por primera vez de manera concluyente su utilidad real: era una especie de alquimia, un medio aparentemente mágico para transformar en oro comercial sustancias que en el fondo no servían para nada.
  • El secreto de los anuncios de medicamentos radicaba en algo más que en ser meramente llamativos: prometían descaradamente hacer realidad los deseos de la gente.
  • Si nos detenemos a reflexionar, nos daremos cuenta de que las técnicas utilizadas con éxito para vender medicamentos milagro se siguen empleando de manera habitual hoy en día.
  • Pese a todo nuestro racionalismo secular y nuestros avances tecnológicos, el potencial para rendirse a los encantos del pensamiento mágico sigue incrustado en la psique humana, a la espera del anunciante que sea capaz de despertarlo.
  • Hopkins utilizó los buzones para llenar el país de folletos. Dados los márgenes y el tamaño de los envíos, no hacía falta que convenciera a demasiada gente de que su producto podía curar una gran cantidad de dolencias.
  • En otro arranque de genialidad, a Hopkins se le ocurrió la idea de regalar muestras.
  • Aunque sus métodos eran extraños, su éxito se cimentaba en una profunda comprensión del deseo humano.
  • La industria se había contagiado del espíritu capitalista de finales del siglo XIX, lo que en el caso de los medicamentos milagro se tradujo en una estafa de proporciones excesivas, en ganancias excesivas, en un perjuicio excesivo para la salud pública.
  • Como el alistamiento estaba quedaba descartado por la tradición y la política, lord Herbert Kitchener tuvo la idea de hacer un llamamiento directo y personal al pueblo británico. Así fue como comenzó la primera cosecha de atención por parte del Estado o, como lo llamarán más adelante los historiadores, “la primera campaña de propaganda sistemática dirigida a la población civil”.
  • Conviene recordar que durante gran parte de la historia de la humanidad los gobernantes no sintieron ninguna necesidad de atraer la atención pública; es más, trataron de evitarla. Antiguamente, los reyes y las reinas expresaban su pode mediante la mística de la inaccesibilidad, a excepción de ciertos rituales.
  • Antes de la era democrática, solo la Iglesia, como ya se ha visto, buscaba y usaba de manera sistemática acceder a la mente de la gente.
  • La herramienta más útil de la campaña resultó ser ese invento francés que ya hemos visto: la publicidad ilustrada de gran formato. A partir de los últimos meses de 1914, el Gobierno empapeló el país con carteles de guerra.
  • El filósofo francés Jacques Ellul expresó a mediados del siglo XX: para que tenga éxito, la propaganda debe ser total. Los propagandistas deben utilizar todos los recursos técnicos y medios que estén a su alcance en cada época.
  • La campaña de lord Kitchener había logrado mediante la persuasión lo que otros países lograban mediante la coacción legal.
  • Los historiadores M. L. Sanders y Philip Taylor: “el Gobierno británico tiene la culpa de haber abierto una caja de Pandora que esparció el arma de la propaganda por el mundo moderno”.
  • Mucho antes de comenzar a apropiarse de programas de televisión británicos, los estadounidenses hicieron lo mismo con las técnicas de propaganda. Sin embargo, como ocurre casi siempre que copian un original británico, los estadounidenses lo harían a lo grande.
  • Todas las comunicaciones, opinaba Walter Lippman, son potencialmente propagandísticas, en el sentido de que propagan un punto de vista determinado: presentan un conjunto de hechos o una perspectiva, y refuerzan o debilitan algún “estereotipo” abrigado por la mente.
  • A veces sobreestimamos nuestra capacidad de pensar de manera verdaderamente independiente.
  • En lo que respecta a la batalla por nuestra atención es fundamental quién llega primero o quién lo hace con mayor frecuencia.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2021/06/08/comerciantes-de-atencion-de-tim-wu/
  • Jacques Ellul argumentó que los únicos que son verdaderamente inmunes a la propaganda son los que están desconectados, mientras que los intelectuales, que lo leen todo, se empeñan en tener opiniones y piensan que son inmunes a la propaganda, en el fondo resulta fáciles de manipular.
  • El hecho de que se hubiera fabricado la “opinión pública” con semejante facilidad hizo que Lippman siempre contemplara con pesimismo lo mucho que la democracia dependía de ella.
  • Erich Ludendorff, uno de los generales alemanes que lideraron el ataque a Bégica, reflexionó que “ante la propaganda enemiga éramos como un conejo ante una serpiente”. Estando en prisión, otro veterano de guerra alemán escribió un folleto en el que tildaba de “maravillosa” la propaganda británica y elogiaba su sencilla presentación de “nociones negativas y positivas de amor y odio, de lo correcto y lo incorrecto, de la verdad y la falsedad”. El admirador en cuestión era Adolf Hitler, que estaba convencido de que, llegado el caso, podría hacerlo aún mejor.
  • La demanda se generaba mostrando la existencia del problema, más que convenciendo de que el producto iba a resolverlo.
  • Cuando Listerine introdujo la “halitosis”, con ese nombre tan siniestramente clínico, era una palabra muy poco conocida.
  • Los datos sugieren que las agencias publicitarias más importantes de la época, en la medida en que mostraban sus cartas, depositaban su fe en la competencia estadounidense de Freud, la rama conductista de la psicología.
  • Lo que hizo John B. Watson fue desarrollar una teoría unitaria de la respuesta animal, dado que para el conductista “no existe división entre el hombre y la bestia”.
  • En sus comienzos, el primer gran objetivo de la industria publicitaria consistió en generar demanda de nuevos productos. El segundo gran objetivo que se alcanzó en los años veinte fue la creación de la reputación, lo quew también se conoce como branding o “construcción de marca”.
  • Antes de la producción en masa apenas había marcas; en una época anterior, lo que funcionaba era la reputación de cada comerciante.
  • En la década de 1920, los anunciantes comprendieron que, aunque antiguamente había que ganársela, la reputación se podía crear, lo mismo que la voluntad de guerra o cualquier bien de consumo.
  • A Claude Hopkins, su principal rival intelectual, Theodore Macmanus lo tenía por un estafador sin escrúpulo que parecía creer que “todos los hombres son tontos”.
  • La alternativa de MacManus consistía en la publicidad de la iconografía. Lograba que la gente confiase en sus marcas e incluso que las venerasen.
  • Durante esa época, los empresarios también cayeron en la cuenta de que si los Estados Unidos se convertían en una sociedad de consumo, la mayor parte de las nuevas compras de artículos para el hogar correría a cargo de la señora de la casa.
  • Al ir más allá de la utilidad o incluso de la calidad como una cuestión de desarrollo de marca, los anunciantes comenzaron a dotar a los productos de rasgos y asociaciones con los que los consumidores pudieran identificarse.
  • El astuto Noam Chomsky, muy crítico con la propaganda, admite que el “golpe maestro de Bernays, el que realmente lo catapultó a la fama a finales de los años veinte, fue conseguir que las mujeres fumaran”.
  • Para finales de la década de 1920, la publicidad había pasado de ser una actividad sospechosa y una industria insignificante a ser un sector importante de la economía. La publicidad generaba tantos ingresos como muchas de las industrias para las que trabajaba.
  • La publicidad de marca más efectiva no trata de convencerte de que elijas, sino de que no hay elección: Coca-cola es el refreso de cola, Camel es tu cigarrillo y Harley-Davidson es la única motocicleta que merece la pena.
  • La verdadera publicidad de marca no intenta persuadir, sino convertir.
  • Lo que se ofrece a los seguidores no es simplemente un producto de calidad (aunque suele serlo), sino algo más profundo y muchísimo más satisfactorio: la sensación de significado que infunde el sometimiento de la elección.
  • Cuando salió en antena Amos ‘n’ Andy, Walter Templin percibió algo peculiar en casa de su amigo: toda la familia dejó de hacer lo que estaba haciendo para reunirse en torno a la radio y escuchar atentamente el programa de principio a fin.
  • Después de haber conquistado la franja horaria vespertina, las emisoras procedieron a colonizar otras horas del día, rebosantes de atención que seguía sin cosechar.
  • En la revista Forbes, Irna Phillips reveló su propia receta para atraer a las oyentes. “Hay que apelar a (1) el instinto de supervivencia, (2) el sexo, (3) el instinto familiar, o (4) los tres juntos, si es posible”.
  • El invento del horario de máxima audiencia fue una innovación cultural y comercial crucial.
  • Al menos en parte, se puede definir quiénes somos en virtud de aquello a lo que prestamos atención, más aún cuando aquello que capta nuestra atención está más determinado por el ambiente que por nuestra voluntad.
  • William James: “mi experiencia es aquello a lo que decido prestar atención”.
  • Como afirmó el arquitecto Albert Speer durante su juicio por crímenes de guerra, el Tercer Reich fue la primera dictadura “que hizo un uso integral de todos los medios técnicos para dominar a su propio país. Por medio de dispositivos técnicos, como la radio y el altavoz, se privó de pensamiento independiente a ochenta millones de personas, gracias a lo que se los pudo someter a la voluntad de un solo hombre”.
  • Después de la guerra, tanto la Unión Soviética como la República Popular de China realizaron programas de radiodifusión estatal, de larga difusión y vehementemente partidistas.
  • Es cierto que la propaganda alemana de la Primera Guerra Mundial tendía a ser legalista, oficiosa y enrevesada.
  • En Mi lucha Hitler lanza la pregunta siguiente: “¿A quién tiene que atraer la propaganda? ¿A la intelectualidad científica o a las masas menos educadas? ¡Tiene que apelar para siempre y únicamente a las masas!”.
  • Hitler entendió el principio fundamental de la demagogia: enseñar o persuadir es mucho más difícil que desatar emociones. Lo que más desea la gente es una excusa para experimentar plenamente sentimientos poderosos latentes en su interior, pero cuya conciencia quizá les lleve a reprimir.
  • Casi todos los que oyeron al Führer coincidieron en que sus discursos era hipnotizantes.
  • Goebbels, agosto de 1933: “La radio es la intermediaria más influyente e importante entre un movimiento espiritual y la nación, entre la idea y la gente”.
  • Al igual que los soviéticos, el ministerio alemán se hizo cargo de todos los detalles de la programación, cuyos contenidos controlaba por completo.
  • La exposición a los temas fundamentales del Partido Nacionasocialista pasó a formar parte de la dieta diaria de casi todos los alemanes.
  • El ministerio introdujo el Volksempfanger o “receptor del pueblo”. Como resultaba asequible para el trabajador medio, la radio se vendió a espuertas, de modo que para 1942 Alemania había aumentado el índice de audiencia de la radio de 4,5 millones a más de 16 millones de hogares.
  • El Ministerio de Propaganda resolvió esos problemas desplegando un pequeño ejército llamado Funkwarte (la guardia de la radio), que estaba compuesto por simpatizantes del partido que se asignaban a cada vecindario o bloque de apartamentos para garantizar que se escuchara la radio.
  • El anunciante, a menos que sea un monopolista, suele ceñirse al ámbito de la persuasión dentro del contexto de la elección. El propósito de la verdadera propaganda, por el contrario, es eliminar ese mercado y las propias elecciones, haciendo que parezcan impensables o inexistentes.
  • Hitler no solo vendía una opción, sino una visión integral de la realidad.
  • Puede que la capacidad de elección sea la piedra angular de la libertad individual, pero, como demuestra la historia de la humanidad, la necesidad de abandonarse a algo más grande y de trascender el yo puede ser igual de imperiosa o incluso más, cosa que siempre han entendido los mejores propagandistas y publicistas.
  • Después de la guerra, los soviéticos devolvieron el cumplido: Stalin y el resto del Politburó llegaron a la conclusión de que la propaganda soviética debía funcionar a una escala mayor, ya que los alemanes habían demostrado lo que suponía ser verdaderamente omnipresentes.
  • En los Estados Unidos, al terminar la guerra, todos los ojos se volvieron hacia la televisión, el invento más novedoso y más emocionante después de la radio.
  • Se puede asignar una fecha exacta al punto álgido del pico de atención: el domingo 9 de septiembre de 1956, cuando Elvis Presley hizo su primera aparición televisiva en el programa Ed Sullivan Show de la CBS. NUnca se ha igualado ni batido el 82,6% de índice de audiencia que cosechó, cuando en aquella época la población de los Estados Unidos era aproximadamente la mitad de la actual.
  • La década de 1950 sería recordada como una década de conformismo y, aunque las razones pueden ser muchas y complejas, no se puede excluir la más sobresaliente que la televisión permitía captar la atención a una escala anómala en términos históricos.
  • El rotundo éxito que cosechó el horario de máxima audiencia televisiva en la captura de la atención condicionó todas las batallas que se libraron posteriomente en el mercado de la televisión; en el futuro, todos los reclamantes tendrían que plantearse como una alternativa a la televisión.
  • En el libre mercado hay dos formas de ganar la batalla de la atención: una es ofrecer algo más convincente que la competencia; la otra, deslizarse en algún segmento de la vida de la gente que estuviera apartada o en barbecho.
  • Los comerciantes de atención se enfrentan a una presión constante para cosechar audiencia, y la primera víctima siempre es aquella que no cosecha los índices más altos.
  • Orson Welles: “Odio la televisión. La odio tanto como a los cacahuetes, aunque no puedo dejar de comerlos”.
  • The New Yorker calificó Las formas ocultas de la propaganda como un “informe aterrador sobre cómo los fabricantes, los recaudadores de fondos y los políticos están intentando convertir la mente estadounidense en una especie de masa catatónica que compre, done o vote según ordenen”.
  • Como escribió Ellul acerca de la propaganda, los más susceptibles a ella son a menudo los que más confían en sus propias habilidades para detectarla y, por lo tanto, se consideran inmunes a sus efectos.
  • Coca-Cola logró crear una “elasticidad de marca” inusitadamente baja, que es como llaman los economistas a la disposición de los consumidores a aceptar un sustituto, una cuestión demostrada por el hecho de que Pepsi era similar, más barata y, aun así, era incapaz de aumentar su participación en el mercado.
  • Los niños controlan su atención en menor grado que los adultos, pero cuando prestan atención abren más la mente a los mensajes que se les presentan.
  • Barrio Sésamo, el segundo gran éxito de la televisión pública, supuso un intento consciente de “dominar las cualidades adictivas de la televisión y hacer con ellas algo beneficioso”. El autor Malcom Gladwell lo resumió de la manera siguiente: “Barrio Sésamo se construyó en torno a una idea única y revolucionaria: que si puedes tener a los niños atentos, puedes educarlos”.
  • Incluso un programa tan querido y tan divertidamente subversivo como M*A*S*H se puede entender como un ejemplo de lo que Marcuse describió como el tipo de oposición que no hace sino perpetuar el statu quo.
  • Como sistema de producción, el capitalismo es un camaleón perfecto: no tiene ninguna convicción incapacitante, sino que se mueve exclusivamente por las ganancias, de modo que puede satisfacer cualquier deseo, incluso aquellos que le son adversos.
  • El individualismo se convirtió en la ética estadounidense dominante, incluso en la del propio capitalismo.
  • A principios de la década de 1970, el tiempo de televisión había aumentado a una media de seis horas diarias por hogar.
  • La tecnología siempre encarna la ideología.
  • La publicidad impresa siempre ha sido menos impopular que la televisiva o la radiofónica porque el lector, que puede apartar los ojos, tiene un mayor control sobre ella.
  • La Super Bowl se convirtió en un escaparate para los mejores talentos de la publicidad, lo que parecía demostrar que, efectivamente, había ciertos anuncios que la gente de verdad quería ver.
  • La labor de los comerciantes de atención se fue volviendo cada vez más compleja: para sacar el trabajo adelante iban a tener que emplear estrategias cada vez más variopintas y desesperadas.
  • La falta de utilidad de Internet hizo que su futuro pendiera de un hilo a lo largo de la década de 1970.
  • El correo electrónico dio a Internet un propósito social y humano y, en ese sentido, alma. Fue la primera aplicación rompedora de Internet: el primer programa que quizá justificara el coste de toda la red.
  • Skinner consideraba que el libre albedrío era una ilusión y argumentaba que nuestro comportamiento es un tejido compuesto por reacciones a estímulos pasados; en particular a las recompensas o castigos que concita cualquier comportamiento.
  • Parémonos a pensar un momento en actividades que embelesan a quienes las practican, como los juegos de azar, ir de compras o la pesca. De hecho, todas ellas se rigen por calendarios de recompensas variables e inescrutables.
  • Hasta 1978, el correo electrónico no era en absoluto comercial; sus funciones se cirscuscribían al ámbito social y empresarial.
  • Los temas de la adicción y la absorción se encontraban en los textos sobre los videojuegos desde el principio.
  • A diferencia de los juegos de verdad, los videojuegos no están limitados por las leyes de la física, lo que permite calibrar de una manera más gradual los desafíos que entraña, la duración y otros factores relacionados para intentar conseguir que los jugadores repitan una y otra vez.
  • Nunca se debe olvidar que la primera gran cosechadora de la atención humana fue la religión. En nuestra era secular, la necesidad de idolatría no se ha desvanecido, sino que ha buscado dioses extraños. La propia expresión “adoración de famosos” puede parecer una exageración figurativa pero sería difícil argumentar que lo que hemos visto en nuestra cultura es algo menos que una apoteosis. Si recordáramos que la versión antigua del famoso era el héroe y que la línea que separaba a los héroes de las deidades nunca fue absoluta, ¿quién podría negar que nuestras industrias de la atención han posibilitado la creación de un nuevo panteón?
  • Nuestras deidades no se parecen en nada al Dios de Abraham, ni siquiera a los santos. Se parecen, más biewn, a los dioses paganos de la antigüedad, propensos a ataques de ira y venganza, envidias mezquinas y bochornosos episodios de embriaguez; pero lo único que consigue esto es contribuir a la ilusión de que son accesibles y, al menos con fines comerciales, invita más a seguirlos.
  • Las enseñanzas de Oprah, como regla, se fundamentaban en una visión generalmente cristiana de la existencia y enfatizaban el amor por los afligidos, la debilidad humana, la vida como una lucha, el valor de confesar los pecados y el empeño continuo para alcanzar la redención.
  • El formato de telerrealidad adoptó una categoría que siempre había existido (la divinidad que hay en nosotros), la democratizó y, así, acercó aún más la esfera de lo que antes resultaba inalcanzable. Siempre había sido paradójico que los famosos fuesen el Otro, al margen de nosotros, y que, al mismo tiempo, fuesen como nosotros.
  • El grupo demográfico fundamental para la telerrealidad siempre había sido el público joven.
  • Para que un programa de telerrealidad tenga éxito, es imprescindible que la crítica lo despedace.
  • En opinión de Wall Street, hasta en los ingresos  publicitarios má sólidos hay siempre margen de mejora.
  • Las cadenas de correo electrónico populares han existido casi tanto tiempo como el propio correo electrónico, pero en 2001 aún no se conocían palabras como viral, meme de Internet y ciberanzuelo.
  • Para 2015, la cuarta pantalla estaba en las manos de prácticamente todo el mundo, y consumía casi tres horas diarias de vida del estadounidense medio.
  • Allá donde se dirige la mirada humana no tarda en surgir el negocio.
  • Al alentar a todo el mundo a captar la atención de los demás con el espectáculo de uno mismo, se deforma la comprensión de nuestra propia existencia y de su relación con los demás.
  • La economía de la atención, que solía ser sumamente metódica, habia degenerado, al parecer, en una sociedad caótica de admiración recíproca (Instagram), llena de Narcisos emprededores, una situación que seguramente carecía de verdaderos precedentes en la historia de la humanidad.
  • BuzzFeed fue pionero en técnicas como la “optimización de los titulares”, cuyo objetivo era hacer que el artículo resultara irresistible y que hacer clic fuese involuntario.
  • Como es frecuente en la historia de los comerciantes de atención, con el aumento de la competencia se dispara la falta de decoro y se desploman las inversiones.
  • A mediados de la década, la publicidad nativa se había convertido en algo habitual e incluso se anunciaba como una posible solución a los males del periodismo. La abrazaron empresas de medios de comunicación tan respetadas como The New York Times y Condé Nast, que, al igual que BuzzFeed, tenían equipos in situ que imitaban su estilo interno para los anunciantes. Sullivan: “el modelo de “contenido patrocinado” está diseñado para ocultar la antigua línea al máximo posible”.
  • En 2013, cuando se estrenó House of Cards, Netflix causó sensación al lanzar a la vez los trece episodios de la temporada. Lo que quizá no predijera fuese lo del binge-watching o los atracones.
  • Los Soprano, la popularísima serie de HBO, congregó a principios de la década de 2000 a más de 18 millones de espectadores por episodio; una década después, Juego de Tronos, de la misma cadena, empezó a alcanzar los 20 millones por episodio.
  • En la próxima década, los comerciantes de atención tendrán que andarse con mucho tiento al acercarse al cuerpo humano lo máximo posible.
  • Si hay algo que haya demostrado nuestra historia es que lo que para una generación resulta impactante es enseguida asumido con naturalidad por la siguiente.
  • La cuestión más apremiante de los tiempos que corren no es cómo deberían hacer negocios los comerciantes de atención, sino dónde y cuándo. Es una cuestión que va al meollo de cómo valoramos lo que solía llamarse nuestra vida privada.
  • Antes, el estado de la tecnología imponía sus propios límites, pero en una época en la que ya no existe esa clase de limitaciones nos corresponde formular algunas preguntas fundamentales: ¿trazamos alguna línea entre lo privado y lo comercial?
  • Sin consentir a ello de manera expresa, la mayoría de nosotros nos hemos expuesto pasivamente a que se explote nuestra atención con fines comerciales en cualquier lugar y momento. Si queremos que haya algún esquema de zonificación que frene esta expansión, tendrá que ser, sobre todo, un ejercicio de voluntad personal.
  • El recurso humano más fundamental que requerirá conservación y protección durante el próximo siglo seguramente sea nuestra conciencia y espacio mental. Las primeras agitaciones se perciben en las prácticas, a existentes, de “desconectar”, o tomarse “días de descanso digital”.
  • ¿Con qué frecuencia te has sentado con la idea, pongamos, de escribir un correo electrónico o comprar una cosa en Internet, y te has encontrado horas después preguntándote qué ha pasado?
  • Qué irónico resulta que esa lamentable dispersión mental no proceda de una falta de empuje por nuestra parte, sino de los imperativos de un tipo en particular de empresa comercial que la mayor parte del tiempo ni siquiera resulta especialmente rentable.
  • Fue William James, la fuente del pragmatismo estadounidense, quien sostuvo que en última instancia nuestra experiencia vital equivaldría a aquello a lo que hubiéramos prestado atención. Por lo tanto, lo que está en juego es algo similar a nuestra forma de vivir la vida.
  • Si deseamos un futuro que evite la esclavitud del estado propagandístico, así como la narcosis de la cultura del consumo y del famoseo, primero tenemos que reconocer que nuestra atención es valiosa y decidir no desprendernos de ella a un coste tan bajo o de una manera tan irreflexiva como tantas veces hemos hecho.

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