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La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han

Posted by Raul Barral Tamayo en viernes, 16 de julio, 2021


Título original: Die Müdigkeitsgesellschaft
© 2010, 2016, MSB Matthes & Seitz, Berlín
Traducción: Arantzazu Saratxaga Arregi y Alberto Ciria
Editorial: Herder Editorial.

El lector tiene en sus manos de la segunda edición, ampliada con dos nuevos capítulos, del indiscutible best seller de Byung-Chul Han, una de las voces filosóficas más innovadoras de los últimos años. En este ensayo Han expone una de sus tesis principales: la sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma, un exceso de positividad que está conduciendo a una sociedad del cansancio.

Según el autor, toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, hay una época bacterial que toca a su fin con la invención antibiótico. A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos en la época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica.

El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. La depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama de comienzos de este siglo.

Estas enfermedades no son infecciones, sino estados patológicos que siguen a su vez una dialéctica, pero no una dialéctica de la negatividad, sino de la positividad, hasta el punto de que cabría atribuirles un exceso de esta última.

Byung-Chul Han (Seúl, Corea del Sur, 1959), estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la Universidad de Múnich. En 1994 se doctoró por la primera de dichas universidades con una tesis sobre Martin Heidegger. Tras su habilitación dio clases de filosofía en la universidad de Basilea, desde 2010 fue profesor de filosofía y teoría de los medios en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe y desde 2012 es profesor de Filosofía y Estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • El presente ensayo desemboca en la reflexión de un cansancio curativo. Tal cansancio no resulta de un rearme desenfrenado, sino de un amable desarme del yo.
  • Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas.
  • El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. Las enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama de comienzos de este siglo. Estas enfermedades no son infartos ocasionados por la negatividad de lo otro inmunológico, sino por un exceso de positividad.
  • Que un paradigma sea de forma expresa elevado a objeto de reflexión es a menudo una señal de su hundimiento.
  • Hoy en día, la sociedad incurre de manera progresiva en una constelación que se sustrae por completo del esquema de organización y resistencia inmunológicas. Se caracteriza por la desaparición de la otredad y la extrañeza.
  • Lo extraño se sustituye por lo exótico y el turista lo recorre. El turista o el consumidor ya no es más un sujeto inmunológico.
  • El llamado «inmigrante» no es hoy en día ningún otro inmunológico, ningún extraño en sentido empático, del que se derive un peligro real, o de quien se tenga miedo. Los inmigrantes o refugiados se consideran como una carga antes que como una amenaza.
  • El paradigma inmunológico no es compatible con el proceso de globalización. La otredad que suscitaría una reacción inmunitaria se opondría a un proceso de disolución de fronteras.
  • La hibridación que domina no solo el actual discurso teórico cultural, sino también el estado de ánimo de la actualidad en cuanto tal es diametralmente opuesta a la inmunización. La hiperestesia inmunológica no permitiría ninguna hibridación.
  • Las enfermedades neuronales del siglo XXI siguen a su vez una dialéctica, pero no de la negatividad, sino de la positividad. Consisten en estados patalógicos atribuibles a un exceso de positividad.
  • La violencia de la positividad no presupone ninguna enemistad. Se despliega precisamente en una sociedad permisiva y pacífica. Debido a ello, es menos visible que la violencia viral. La positización del mundo permite la formación de nuevas formas de violencia. Aquella violencia neuronal que da lugar a infartos psíquicos consiste en un terror de la inmanencia. La violencia neuronal se sustrae de toda óptica inmunológica, porque carece de negatividad. La violencia de la positividad no es privativa, sino saturativa; no es exclusiva, sino exhaustiva. Por ello, es inaccesible a una percepción inmediata. No parte de una negatividad extraña al sistema. Más bien es sitémica, consiste en una violencia inmanente al sistema.
  • La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento.
  • La sociedad disciplinaria es una sociedad de la negatividad. La define la negatividad de la prohibición. Incluso al deber es inherente una negatividad: la de la obligación.
  • La sociedad del rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder sin límites. Su plural informativo y colectivo Yes, we can expresa precisamente su carácter de positividad.
  • A la sociedad disciplinaria todavía le rige no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad del rendimiento produce depresivos y fracasados.
  • La positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del deber. De este modo, el inconsciente social pasa del deber al poder. El sujeto de rendimiento es más rápido y más productivo que el de obediciencia. Sin embargo, el poder no anula el deber. El sujeto de rendimniento sigue disciplinado.
  • Alain Ehrenberg sitúa la depresión en el paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad de rendimiento.
  • También la carencia de vínculos, propia de la progresiva fragmentación y atomización social, conduce a la depresión.
  • Lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabjao tardomoderna.
  • Nietzsche diría que aquel tipo de ser humano que está a punto de convertirse en una realidad de masa ya no es ningún superhombre soberano, sino el último hombre que tan solo trabaja.
  • El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima.
  • La depresión se sustrae de todo sistema inmunológico y se desata en el momento en el que el sujeto de rendimiento ya no puede poder más. Al principio, la depresión en un «cansacio del crear y del poder hacer». El lamento del individuo depresivo, «Nada es posible», solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que «Nada es imposible». No-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión.
  • El exceso de positividad se manifiesta, asimismo, como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. Modifica radicalmente la estructura y economía de la atención. Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa.
  • La técnica de administración del tiempo y la atención multitasking no significa un progreso para la civilización. Se trata más bien de una regresión. El multitasking está ampliamente extendido entre los animales salvajes. Es una técnica de atención imprescindible para la supervivencia en la selva.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2021/07/16/la-sociedad-del-cansancio-de-byung-chul-han/
  • Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa. La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Esta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hiperatención.
  • «El don de la escucha» se basa justo en la capacidad de una profunda y contemplativa atención, a la cual el ego hiperactivo ya no tiene acceso.
  • Incluso Nietzsche, que reemplazó el ser por la voluntad, sabe que la vida humana termina en una hiperactividad mortal, cuando de ella se elimina todo elemento contemplativo.
  • Según Hannah Arendt, la sociedad moderna, como sociedad de trabajo, aniquila toda posibilidad de acción, degradando al ser humano a animal laborans, a meros animales trabajadores.
  • Arendt considera que la modernidad, que principalmente ha comenzado con una inaudita y heroica activación de todas las capacidades humanas, termina en una mortal pasividad.
  • Ya lo dijo Nietzsche: tras la muerte de Dios, la salud se eleva a diosa.
  • La actual aceleración está ligada a la falta de ser. La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Produce nuevas obligaciones. El amo mismo se ha convertido en esclavo del trabajo. Cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. Se es prisionero y celador, víctima y verdugo, a la vez. Uno se explota a sí mismo, haciend posible la explotación sin dominio.
  • Cicerón elogia propiamente la vita contemplativa. Según él, la vida contemplativa, y no la vida activa, convierte al hombre en aquello que en un principio debe ser.
  • La pérdida de la capacidad contemplativa, que, y no en último término, está vinculada a la absolutización de la vida activa, es corresponsable de la histeria y el nerviosismo de la moderna sociedad activa.
  • Según Nietzsche, uno tiene que aprender a «no responder inmediatamente a un impulso, sino a controlar los instintos que inhiben y ponen término a las cosas». La vileza y la infamia consisten en la «incapacidad de oponer resistencia a un impulso», de oponerle un «no».
  • Es una ilusión pensar que cuanto más activo uno se vuelva, más libre es.
  • La máquina no es capaz de detenerse. A pesar de su enorme capacidad de cálculo, el ordenador es estúpido en cuanto le falta la capacidad de vacilación.
  • Precisamente por su egocentrismo autista, por su carencia de negatividad, el idiot savant obtiene resultados solo realizables por una calculadora.
  • Según Hegel, precisamente la negatividad mantiene la existencia llena de vida.
  • Si solo se poseyera la potencia de hacer algo, pero ninguna potencia de no hacer, entonces se caería en una hiperactividad mortal.
  • La negatividad del «no-…» (nicht-zu) es un rasgo característico de la contemplación.
  • La hiperactividad es, paradójicamente, una forma en extremo pasiva de actividad que ya no permite ninguna acción libre. Se basa en una absolutización unilateral de la potencia positiva.
  • La sociedad de rendimiento, como sociedad activa, está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje. El dopaje en cierto modo hace posible un rendimiento sin rendimiento.
  • El reverso de este proceso estriba en que la sociedad de rendimiento y actividad produce un cansancio y un agotamiento excesivos.
  • El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma.
  • El cansancio de la sociedad de rendimiento es un cansancio a solas, que aísla y divide.
  • Handke: «El cansancio fundamental inspira. Deja que surja el espíritu. La inspiración del cansado dice menos lo que hay que hacer que lo que hay que dejar».
  • El cansancio de Handke no es ningún cansancio del yo, no es ningún cansancio del yo agotado, sino que lo llama un «cansancio del nosotros». En este caso, yo no estoy cansado de ti, sino, como dice Handke, «Te estoy cansado».
  • El cansancio del agotamiento es un cansancio de la potencia positiva. Incapacita para hacer algo.
  • El psicoanálisis de Freud solo funciona en una sociedad represiva, cuya organización se basa en la negatividad de las prohibiciones..
  • La sociedad del rendimiento cada vez se desembaraza más de la negatividad de las prohibiciones y los mandatos y se hace pasar por sociedad de la libertad.
  • Para Carl Schmitt, sería un signo de falta de carácter y de forma tener más de un único amigo. A este hombre sin carácter lo llamamos «hombre flexible», que es capaz de asumir toda figura, todo papel, toda función.
  • Estas enfermedades (depresión, burn-out, …) remiten más bien a un exceso de positividad, es decir, no a la negación, sino más bien a la incapacidad de decir que no; no a que uno no le esté permitido hacer algo, sino a que está en condiciones de hacerlo todo.
  • La virtualización y la digitalización hacen que lo real que opone resistencia vaya desapareciendo cada vez más.
  • El sujeto de la modernidad tardía que se ve obligado a aportar rendimientos dispone de un exceso de opciones, pero no es capaz de vincularse intensamente.
  • Los «amigos» que se agregan en las redes sociales cumplen sobre todo la función de incrementar el sentimiento narcisista de sí mismo, constituyendo una muchedumbre que aplaude y que presta atención a un ego que se expone como si fuera una mercancía.
  • El depresivo es aquel que se siente extenuado, aquel a quien ya no le quedan fuerzas para ser dueño de sí mismo. Está cansado de la constante exigencia de iniciativa.
  • A quien Nietzsche aborrecería sería al hiperactivo. El «alma fuerte» conserva la «tranquilidad», «se mueve despaciosamente» y experimenta «aversión hacia lo demasiado vivaz».
  • Igual que la histeria o el duelo, la melancolía es un fenómeno de la negatividad, mientras que la depresión tiene que ver con un exceso de positividad.
  • Para Carl Schmitt, la depresión sería característica de la democracia en cuanto que carece de fuerza concluyente, del incisivo poder de la decisión.
  • El burnout es la consecuencia patológica de una autoexplotación voluntaria.
  • El sujeto obligado a rendir compite consigo mismo y cae bajo la destructiva coerción de tener que superarse constantemente a sí mismo. Esta coerción a sí mismo que se hace pasar por libertad termina siendo mortal. El burnout es el resultado de la competencia absoluta.
  • A partir de un determinado nivel de producción, la autoexplotación se vuelve esencialmente más eficaz y de mucho mayor rendimiento que la explotación a cargo de otros, porque viene acompañada de la sensación de libertad.
  • La sociedad del rendimiento es una sociedad de la autoexplotación. El sujeto obligado a aportar rendimientos se explota a sí mismo hasta quemarse del todo (burnout). En ello se desarrolla una autoagresividad que rara vez no se recrudece hasta llevar al suicidio.
  • La fiesta es el acontecimiento, el lugar donde se está entre dioses, es más, donde uno mismo se envuelve divino. Cuando vivimos en unos tiempos sin festividad, en una época sin fieta, perdemos toda relación con lo divino.
  • Las fiestas y los rituales abren un acceso a lo divino.
  • Los dioses ni producen ni trabajan.
  • El tiempo laboral, que hoy se totaliza, destruye aquel tiempo sublime como tiempo de la fiesta.
  • El tiempo sublime es un tiempo colmado, a diferencia del tiempo laboral como tiempo vacío que meramente se trata de rellenar y que se mueve entre el aburrimiento y la laboriosidad.
  • Desde luego que hoy hay fiestas. Pero no son un festividad, en sentido propio. Las fiestas o los festivales actuales son eventos o espectáculos.
  • Paradójicamente, el primer síntoma del burnout es la euforia. Uno se lanza con euforia al trabajo. Al final uno se derrumba.
  • La alienación significa que el trabajador ya no se reconoce en el trabajo. Hoy vivimos en una eṕoca postmarxista. En el régimen neoliberal, la explotación ya no se produce como alienación y auto-des-realización, sino como libertad y autorrealización. Yo mismo me exploto voluntariamente, creyendo que me estoy realizando. Me mato a base de autorrealizarme. Me mato a base optimizarme. En este contexto resulta imposible toda resistencia, toda sublevación, toda revolución.
  • El deber tiene un límite. La capacidad, por el contario, no lo tiene: está abierta por arriba. De ahí que la coerción que viene de la capacidad resulte ilimitada.
  • En realidad, la libertad es lo opuesto a la coerción. Ser libre significa quedar libre de coerciones. Pero ahora resulta que esta libertad, que tendría que ser lo opuesto de la coerción, por sí misma engrendra coerciones.
  • Somos zombis de la salud y del fitness, zombis del rendimiento y del bótox. De este modo, hoy estamos demasiado muertos como para vivir y somos demasiado vitales como para morir.
  • El hombre no ha nacido para trabajar. Quien trabaja no es libre. Según Aristóteles, el hombre libre es alguien que no depende de las necesidades de la vida ni de sus coerciones. Dispone de tres formas de vida libre. En primer lugar, la vida que se consagra al disfrute de las cosas bellas. Luego, la vida que produce acciones bellas en la polis. Y, por último, la vida contemplativa, que investigando lo que nunca perece se mantiene en el ámbito de la belleza permanente. Por consiguiente, realmente libre son los poetas, los políticos y los filósofos.
  • Hoy, los políticos trabajan demasiado, pero actúan demasiado poco.
  • Hoy se trata de profanar el trabajo, la producción, el capital, el tiempo laboral y de transformarlos en el tiempo de juego y de la fiesta.
  • El arte y la fiesta guardan una conexión muy estrecha. Según Nietzsche, el arte original es el arte de las fiestas. Las obras de arte son testimonios materializados de aquellos momentos dichosos de una cultura en los que se cancela el tiempo habitual que transcurre. Originalmente, las obras de arte solo existían dentro del culto, de los actos del culto. Hoy han perdido todo ese valor. El valor del culto deja paso al valor expositivo y al valor de mercado.
  • Hoy se han perdido por completo las intensidades de la vida. Han cedido paso al consumo y a la comunicación. Incluso el Eros ha dejado paso a la pornografía. Hoy todo se nivela y se pule reduciéndolo al nivel absolutamente nulo. Hoy las cosas solo obtienen un valor si son vistas y expuestas, si acaparan la atención. Hoy nos exponemos en Facebook, convirtiéndonos así en mercancía.
  • Hoy el capital lo somete todo. El hipercapitalismo actual disuelve por completo la existencia humana en una red de relaciones comerciales. Ya no queda ningún ámbito vital que no esté sometido al aprovechamiento comercial.
  • Lo que se suele llamar sharing economy, o consumo colaborativo, nos convierte a todos nosotros en vendedores a la búsqueda de clientes.
  • Llenamos el mundo de cosas con una duración y una validez cada vez más breves.
  • Parece que lo tengamos todo, pero nos falta lo esencial: el mundo.
  • El ruido de la comunicación ha sofocado el silencio.
  • Este mundo de mercancías no es apropiado para ser habitado. Ha perdido toda referencia a lo divino, a lo santo, al misterio, a lo infinito, a lo superior, a lo sublime. También hemos perdido toda capacidad de asombrarnos.
  • Deberíamos volver a convertir los grandes almacenes en una casa; es más, en un centro festivo en el que realmente merezca la pena vivir.

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raul

4 respuestas hasta “La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han”

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