Raul Barral Tamayo's Blog

Frases Llenas

Chantaje emocional de Susan Forward

Posted by Raul Barral Tamayo en martes, 20 de julio, 2021


Título original: Emotional blackmail.
D. R. © 1997, Susan Forward
D. R. © 1997 Margarita Elena Cavandoli Menéndez por la traducción
Editorial: Grijalbo.

El chantaje emocional es una poderosa forma de manipulación por medio de la cual las personas a nuestro alrededor amenazan con castigarnos si no hacemos lo que quieren que hagamos. Los chantajistas emocionales saben cuánto los valoramos, y conocen lo que nos hace vulnerables y nuestros secretos más íntimos. Pueden ser nuestros padres o hermanos, nuestros jefes o compañeros de trabajo, nuestros amigos o amantes. Sin importar cuán importantes seamos para ellos, se valen de todo lo que saben de nosotros para conseguir lo que quieren: que siempre cedamos.

En Chantaje emocional, Susan Forward disecciona la anatomía de una relación dañada por la manipulación para proporcionar las herramientas necesarias a quienes son objeto de chantaje para contraatacar. Con su estilo claro y sin rodeos, Susan Forward describe los pasos a seguir por los lectores, ofreciéndoles diversas herramientas -listas, escenarios prácticos y técnicas concretas de comunicación- que fortalecerán las relaciones y romperán el ciclo del chantaje de una vez por todas.

Susan Forward es terapeuta, conferencista y escritora de renombre internacional. Además de una trayectoria de más de veinte años como terapeuta privada, ha sido terapeuta de grupo, instructora y asesora en infinidad de instalaciones médicas y psiquiátricas del sur de California. Es común verla como invitada en los medios, y durante seis años tuvo su propio programa de radio a través de la cadena ABC de Estados Unidos.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • ¿Por qué algunas personas nos llevan a pensar que hemos vuelto a perder, que siempre cedemos, que no decimos lo que sentimos, que nuestra opinión no cuenta y que nunca se acepta nuestra posición? ¿Por qué algunas personas nos dominan emocionalmente y nos hacen sentir derrotados? Las personas con las que nos topamos en estas situaciones imposibles son hábiles manipuladores.
  • En las relaciones de esta nos centramos en las necesidades del otro a costa de las propias y nos relajamos en la transitoria ilusión de seguridad que hemos creado al ceder. Evitamos el conflicto, la confrontación … y la posibilidad de sostener una relación sana.
  • La fuente de fricción no corresponde al modo de comunicación, sino a que una persona se salga con la suya a costa de la otra. Se trata de algo más que un simple malentendido: son luchas por el poder.
  • De lo que hablamos es de chantaje puro y duro: de chantaje “emocional”.
  • La existencia del chantaje emocional no significa que la relación esté condenada. Simplemente quiere decir que necesitamos asumirlo sin ambages y corregir el comportamiento que nos provoca dolor para sentar bases más sólidas.
  • El chantaje emocional es una poderosa forma de manipulación en la que, directa o indirectamente, los seres próximos amenazan con castigarnos si no hacemos lo que quieren.
  • Los chantajistas emocionales saben hasta qué punto valoramos la relación que sostenemos con ellos. Conocen nuestros puntos vulnerables y con frecuencia nuestros secretos más recónditos.
  • Empleo la palabra “niebla” como metáfora de la confusión que los chantajistas provocan. Esa niebla sintetiza el miedo, la obligación y la culpa: los instrumentos que utilizan. Los chantajistas rodean sus relaciones con una bruma que garantiza que nos dará miedo atravesarla, que nos veremos obligados a ceder y que nos sentiremos espantosamente culpables si no capitulamos.
  • Piensa si las personas que consideras importantes:
    • amenazan con volverte difícil la vida si no haces lo que quieren.
    • amenazan constantemente con poner fin a la relación si no haces lo que quieren.
    • te dicen o dan a entender que se abandonarán, se harán daño o se deprimirán si no haces lo que quieren.
    • siempre quieren más por mucho que les des.
    • habitualmente dan por sentado que cederás.
    • habitualmente ignoran o no le hacen caso a tus sentimientos y aspiraciones.
    • hacen generosas promesas que están supeditadas a tu comportamiento y rara vez la cumplen.
    • te tachan de egoísta, malo, interesado, insensible o descuidado cuando no cedes.
    • se deshacen en alabanzas cuando cedes y las retiran cuando te mantienes firme.
    • utilizan el dinero como arma para salirse con la suya.
    • Eres víctima del chantaje emocional si has respondido afirmativamente aunque sólo sea a una de estas opciones.
  • El potencial de chantaje se dispara cuando en la vida del chantajista aumentan los temores.
  • Los seres cercanos que recurren al chantaje emocional se trata de personas para las que el chantaje es la garantía de sentirse seguras y dominantes. Por muy decididos que parezcan, los chantajistas funcionan a partir de altos grados de ansiedad y se sienten fugazmente poderosos cuando chasquean los dedos y comprueban que damos un brinco. El chantaje emocional se convierte en la defensa para no sentirse heridos y asustados.
  • El chantaje no arriaga sin nuestra ayuda. Para el chantaje hacen falta dos.
  • Cada ser humano incorpora a sus relaciones un poderoso conjunto de puntos candentes: la acumulación de resentimientos, pesares, inseguridades, miedos y cóleras. Se trata de nuestros puntos débiles y duelen cuando los tocan. El chantaje emocional sólo se produce si permitimos que los demás sepan que han descubierto nuestros puntos candentes y que saltaremos si los aprietan.
  • Cuesta reconocer que, mediante la capitulación, realmente les enseñamos a chantajearnos. Nuestro acatamiento recompensa al chantajista y, nos demos cuenta o no, cada vez que gratificamos a alguien por una acción determinada le hacemos saber con toda claridad que puede repetirla.
  • Es imposible guardar el conflicto en una caja con el rótulo “Jefe” o “Marido” y aislarlo del resto de la vida. Cabe la probabilidad de que imitemos la dinámica que nos hace sufrir, nos convirtamos en chantajistas y descarguemos nuestra frustración en alguien más débil o vulnerable.
  • El precio que pagamos por ceder habitualmente al chantaje emocional es desorbitado. Los comentarios y el comportamiento del chantajista nos llevan a sentirnos desequilibrados, avergonzados y culpables.
  • Tal vez lo peor radica en que, cada vez que cedemos al chantaje emocional, perdemos el contacto con nuestra integridad: la brújula interior que nos ayuda a determinar nuestros valores y comportamientos.
  • La palabra “cambio” es la que más miedo despierta. A nadie le gusta, aterroriza a casi todos y la mayoría de las personas somos capaces de volvernos rebuscadamente creativas con tal de evitarlo. Cabe la posibilidad de que nuestros actos nos hagan desgraciados, pero la idea de reaccionar de otra manera resulta aun peor.
  • Sólo sé con absoluta certeza lo siguiente: nada modificará nuestras vidas a no ser que cambiemos nuestro comportamiento. No basta con la evaluación. Entender por qué realizamos actos contraproducentes no impide que los repitamos. Tenemos que actuar. Hemos de dar el primer paso por un nuevo camino.
  • Sin culpa el chantajista se vuelve impotente.
  • Los chantajistas suelen amenazar con hacer daño o producir desdicha. En ocasiones nos comunican lo mucho que los hacemos sufrir.
  • La vía más rápida para poner fin a las tácticas consiste en ceder. Así se sientan las bases de la pauta de demandas, presión y capitulación.
  • Todos los seres humanos manipulamos y somos manipulados. Hemos aprendido a jugar muchísimos juegos para convencer a otros de que hagan lo que nos apetece.
  • Resulta sorprendente lo difícil que para muchos es ser directos incluso en cosas secundarias, por no hablar de si hay mucho en juego y deseamos algo importante. ¿Por qué no lo pedimos? Porque pedir es peligroso. ¿Y si responde que no? Tenemos miedo de situarnos al límite si expresamos a otro lo que queremos o lo que sentimos. Somos capaces de justificar cualquier malestar. Al abstenernos de hacer una petición directa evitamos parecer agresivos o necesitados.
  • Existe un punto claro en el que la manipulación cotidiana se convierte en algo más nocivo: la manipulación pasa a ser chantaje emocional cuando se aplica repetidamente para obligarnos a acatar las demandas del chantajista a costa de nuestros deseos y bienestar.
  • Es importante no calificar cada conflicto, firme expresión de deseos y, sobre todo, los casos de saludable fijación de límites como chantaje emocional.
  • Todos tenemos derecho a transmitir a los demás que sus actos nos resultan inaceptables y el derecho fundamental de no convivir con relaciones envenenadas, se trate de infidelidades, adicciones o cualquier clase de abusos.
  • La adecuada fijación de límites no incluye la coacción, las presiones ni la descripción constante del otro como imperfecto. Se trata de la afirmación del comportamiento que estamos o no dispuestos a tolerar en nuestras vidas.
  • Si los participantes parten de la buena voluntad y realmente quieren resolver la crisis que deteriora la relación, el chantaje emocional no tiene lugar.
  • Si realmente quieren resolver un conflicto de forma ecuánime y cuidadosa, los demás: hablan abiertamente del tema contigo; se interesan en tus sentimientos e inquietudes; averiguan por qué rechazas lo que pretenden; asumen la responsabilidad de su parte en el conflicto.
  • Si el propósito principal es ganar, los demás: intentan controlarte; ignoran tus protestas; insisten en que su personalidad y sus motivos son mejores que los tuyos; eluden la responsabilidad de los problemas que existen.
  • Cuando otros intentan salirse con la suya al margen de lo que a ti te cueste, estás viendo el comportamiento básico del chantajista emocional.
  • Cuando establecen una relación, las personas necesitadas y dependientes suelen ser presas del pánico si su pareja quiere realizar actividades de forma autónoma.
  • La comprensión y la compasión no sirven de nada ante un chantajista emocional. Sólo avivan las llamas de la extorsión.
  • Los cuatro rostros del chantaje emocional:
    • El castigador.
      • La menor resistencia percibida desata su ira en el acto.
      • Nos permiten ver con claridad lo que sucederá si no cedemos o, como mínimo, volverla desagradable.
      • Las personas que tratan con castigadores siempre están entre la espada y la pared.
      • Los padres castigadores suelen obligar a sus hijos a elegir entre ellos y otros seres queridos, con lo que crean una situación en la que cualquier opción se vive como una traición.
      • Los castigadores callados se parapetan tras una fachada impenetrable y desvían hacia nosotros la responsabilidad de sus sentimientos.
      • Cuanto más íntima la relación, más altas las apuestas y mayor nuestra vulnerabilidad ante los castigadores.
    • El autocastigador.
      • El dramatismo, la histeria y el ambiente de crisis rodean a los autocastigadores, que con frecuencia son desmesuradamente dependientes y necesitados. La amenaza definitiva que plantean resulta extremadamente aterradora: sugieren que se suicidarán. Aunque nunca debe tomarse a la ligera, se trata de una práctica casi habitual, ya que saben que da resultado.
    • El sufriente.
      • Los sufrientes adoptan la posición de que si son desdichados, desgraciados, están enfermos o simplemente tienen mala suerte sólo existe una solución: que les demos lo que quieren, aunque no nos hayan dicho de qué se trata.
      • Manifiestan de forma clarísima que si no hacemos lo que quieran sufrirán y la culpa será nuestra.
      • Se miran al espejo y ven una víctima. Casi nunca asumen la responsabilidad de aclarar la situación o pedir lo que quieren.
    • El atormentador.
      • Los atormentadores son los chantajistas más sutiles. Nos alientan, prometen amor, dinero o un ascenso y dejan claro que no conseguiremos el premio a menos que nos comportemos como quieren. La recompensa es interesante, pero se desvanece cada vez que nos acercamos.
      • Muchos trafican con recompensas emocionales, castillos en el aire repletos de amor, aceptación, proximidad familiar y heridas curadas.
  • Todos los estilos de chantaje emocional causan estragos en nuestro bienestar. Es más fácil prestar atención a los castigadores, cuyas tácticas parecen más destructivas.
  • La mayoría de los chantajistas emocionales no son monstruos. Casi nunca los impulsa la malicia, sino sus propios fantasmas.
  • Reconocer que son chantajistas resulta muy doloroso.
  • Apenas pensamos, simplemente reaccionamos, y ahí está la clave del chantaje emocional eficaz.
  • Aunque parezca un proceso calculado hasta en el más mínimo detalle, la mayoría de los chantajistas crean la niebla sin proponérselo conscientemente.
  • El miedo de los chantajistas a no obtener lo que quieren se vuelve tan intenso que se concentran exclusivamente en lo que desean y son capaces de ver con todo lujo de detalles el resultado, pero les es imposible apartar la mirada del blanco el tiempo necesario para enterarse de cómo nos afectan sus actos.
  • Los términos que plantean están hechos a medida: haz las cosas a mi manera y yo no: te dejaré; te desaprobaré; dejaré de amarte; te gritaré; te haré la vida imposible; te cuestionaré; te despediré. Cualesquiera que sean, las palabras concretas se adaptan al perfil de los miedos que hemos interiorizado.
  • Nuestro primer encuentro con el miedo tiene lugar en la infancia, etapa en la que literalmente no sobrevivimos sin la buena voluntad de quienes nos cuidan.
  • El temor al abandono es uno de nuestros miedos más poderosos, penetrantes y de fácil desencadenamiento.
  • El miedo nos lleva a pensar en negro y blanco e incluso a albergar ideas catastrofistas.
  • En todas las relaciones, salvo las significativamente abusivas, la ira no es más que una emoción … ni mejor ni peor que otras.
  • Hemos rodeado de tanta ansiedad y aprensión nuestra ira y la de los demás que puede influir espectacularmente en nuestra capacidad para hacer frente al chantaje. A muchos esta emoción parece tan peligrosa que le tememos cualquiera que sea la forma que adopte y no sólo nos asusta la ira de los demás, sino la propia.
  • A veces reaccionamos ante la mera sugerencia del comportamiento temido.
  • Por mucho que se haya producido la reconciliación, el acontecimiento traumático no se olvida. Se convierte en símbolo del sufrimiento y, al evocarlo, el chantajista refresca el miedo original y aplica la presión necesaria para hacernos ceder.
  • El temor crece en la penumbra. Nuestro cuerpo y las zonas primitivas del cerebro lo interpretan como un motivo para huir y a menudo lo hacemos, eludiendo lo que tememos porque en lo profundo consideramos que es el único modo de sobrevivir. El bienestar emocional depende de hacer exactamente lo contrario: afrontar y confrontar lo que más tememos.
  • Nuestras ideas, aunque con frecuencia suponemos que son propias, en realidad están modeladas por la influencia de nuestros padres, nuestra formación religiosa, las creencias sociales predominantes, los medios de comunicación y nuestros seres próximos.
  • El afecto y la buena voluntad desaparecen rápidamente de la ecuación cuando son sustituidos por la obligación y la imposición del sentido del deber.
  • Casi todos tenemos muchísimas dificultades para definir nuestros límites. Cuando el sentido de la obligación es más fuerte que el del respeto y el del cuidado hacia uno mismo, los chantajistas no tardan en aprender a aprovecharlo.
  • Cuando es amable, el chantajista tarda en olvidarlo. Su generosidad es un préstamo abierto más que un regalo, préstamos que siempre hay que pagar con intereses, y da la impresión de que siempre estamos en números rojos.
  • No es tan extraño que dos personas, cualquier que sea su relación, intercambien los papeles y alternativamente hagan de blanco y de chantajista. Es posible que una chantajee más que la otra, pero en contadas ocasiones la extorsión es totalmente unilateral.
  • Podemos ser el blanco del chantaje en una relación y en la siguiente convertirnos en chantajista.
  • Es muy difícil mantener la proporción del sentido de la obligación. Si tenemos poco eludimos nuestras responsabilidades. Cuando es excesivo nos hundimos bajo el peso de deudas insalvables y el inevitable resentimiento que provocan. A partir de aquí el chantaje no tarda en producirse.
  • Para evitar la culpa nos esforzamos por no hacer daño a otros.
  • La culpa inmerecida configura buena parte de la niebla del chantajista, está cargada de reproches, acusaciones y autoflagelaciones paralizantes.
  • La culpa inmerecida no tiene nada que ver con hacer daño a otros, sino con estar convencidos de que lo inflijimos.
  • Nos sentimos responsables del dolor de los chantajistas y les creemos cuando nos dicen que acrecentamos su desdicha porque no aceptamos sus deseos.
  • A veces logramos interrumpir la reacción de culpa porque nos percatamos de que no existe relación entre la acusación y la realidad, pero muchas veces nos disculpamos primero y después evaluamos la lógica del chantajista … cuando la evaluamos.
  • Aunque los detalles varían, hay una frase que se convierte en lema del pregonero: “La culpa es tuya”.
  • Al chantajista le encanta explicarnos cómo y por qué somos los responsables casi exclusivos de una situación mientras ellos prácticamente no tienen nada que ver.
  • Si no hay un incidente reciente al que adjudicar la culpa y pregonar los reproches, basta cualquiera del pasado. No hay un punto a partir del cual un “delito” del pasado deje de ser un conflicto o una falta castigable.
  • Ceder una o dos veces a la extorsión no pone fin a la situación: sólo acrecienta las demandas.
  • La culpa es la bomba de neutrones del chantajista.
  • Los chantajistas son hábiles racionalizadores y emplean sus instrumentos para convencernos de que el chantaje es útil.
  • Los chantajistas nos informan de que deben ganar porque lo que buscan es más amoroso, abierto y maduro. Es lo mejor. Tienen derecho a conseguirlo. Cualquier resistencia de nuestra parte deja de ser un indicio de nuestras necesidades para convertirse en la prueba de nuestras carencias.
  • Preferimos confiar en el otro en vez de reconocer que nos manipula y nos pone apelativos que nos llevan a sentirnos inadecuados o avergonzados.
  • Muchos chantajistas aumentan la presión y cuestionan nuestro carácter, motivos y valía.
  • Repetido con infinitas variaciones, el comentario típico del chantajista es el siguiente: “Sólo lo haces para herirme, mis sentimientos no te importan”.
  • Pronunciadas por un ser querido, estas palabras perduran en nosotros, afectan el giroscopio interno que guía nuestros actos y nos hacen tambalear.
  • Algunos chantajistas dicen que nos resistimos porque estamos enfermos o desequilibrados. Nos acusan de neuróticos, perversos o histéricos.
  • Suelen acusarnos de que somos incapaces de amar o de mantener la amistad meramente porque no nos sentimos tan próximos como creen que deberíamos.
  • Aunque es exagerado que sostengan que si la relación no funciona se debe a que estamos enfermos o afectados, esta clase de comentarios llegan directamente al corazón y suelen surtir efecto.
  • La patologización resulta muy persuasiva cuando procede de una figura con autoridad, ya sea el médico, un profesor, un abogado o un terapeuta. Nuestras relaciones con estos profesionales se basan en la confianza y solemos atribuirles una capa de sabiduría que algunos no merecen. Suponemos que nos tratarán con franqueza e integridad.
  • Sabemos que es imposible ser del todo objetivo sobre nosotros mismos y a muchos nos aterroriza tener demonios escondidos en nuestro interior. Los patalogizadores se aprovechan de este miedo. La patologización nos crea inseguridad sobre nuestros recuerdos, capacidad de juicio, inteligencia y carácter.
  • Cuando los intentos individuales no dan resultado, muchos buscan refuerzos. Incorporan a otras personas (familiares, amigos o religiosos) para que los ayuden a defender su causa y demuestren que están en lo cierto.
  • Cuando consideran que los amigos y los familiares no son refuerzos suficientes, pueden apelar a una autoridad superior, como la Biblia u otras fuentes externas de conocimiento o experiencia, a fin de apuntalar su posición.
  • Cabe esperar que extraigan de distintas fuentes citas, comentarios, enseñanzas y escritos elegidos para insistir en que sólo existe una verdad: la suya.
  • “¿Por qué no eres como …?” Estas palabras contienen un puñetazo emocional que conecta intensamente con las dudas que albergamos sobre nosotros mismos y con el temor de no dar la talla. Suelen tener otra persona como modelo, un ideal impecable con el que no podemos compararnos. Dicha persona no tendría inconveniente en satisfacer sus demandas.
  • Las comparaciones negativas nos llevan a sentirnos deficientes. Como no somos tan buenos, leales, cualificados o lo que sea, nos sentimos ansiosos y culpables. Nos ponemos tan ansiosos que hasta estamos dispuestos a ceder para demostrarles que se equivocan.
  • El peligro radica en que, al pretender dar la talla fijada por alguien con necesidades, capacidades y circunstancias muy distintas, podemos acabar por sacrificar la familia, nuestros intereses e incluso la salud.
  • De la misma manera en que les hemos entregado los instrumentos, podemos quitárselos o inutilizarlos.
  • Detestan perder. No le importa mantener tu confianza, respetar tus sentimientos ni ser justo. Las reglas básicas del toma y daca saludable no cuentan.
  • La frustración no se convierte en el desencadenante de la negociación, sino de presiones y amenazas. No soportan la frustración.
  • La frustración se conecta con profundos y resonantes miedos de pérdida y privación y la viven como el anuncio de que afrontarán consecuencias insoportables a menos que actúen inmediatamente.
  • El disco rayado de la privación suena en su cabeza:
    • Esto no funciona.
    • Nunca consigo lo que quiero
    • No confío en que los demás se preocupen por lo que me interesa.
    • No tengo lo que debo para conseguir lo que necesito.
    • No sé si soportaré la pérdida de algo que deseo.
    • Nadie se ocupa de mí como yo de los demás.
    • Siempre pierdo a los que me importan.
    • Estos pensamientos forman un círculo vicioso en su mente, se convencen de que no tienen posibilidades de prevalecer a menos que juegen fuerte.
  • Las personas que en la infancia han afrontado  una privación y una pérdida importantes suelen convertirse en adultos necesitados y muy dependientes para no sentirse rechazados, abandonados o ignorados.
  • Convicción básica: como no confío en conseguir lo que necesito, debo contar con todas las ventajas. De esta manera justifican la dependencia y el chantaje.
  • Las experiencias definitorias de la infancia, la adolescencia e incluso la vida adulta crean potentes convicciones y sentimientos que suelen reaparecer, sobre todo cuando estalla un conflicto o nos vemos sometidos a estrés. Apelamos a las pautas anteriores porque las conocemos y, aunque nos causen dolor, proporcionan una estructura tranquilizadora y son previsibles. También creemos que, aunque antes ese comportamiento no nos sirvió de nada, cuando lo repitamos todo saldrá bien.
  • La incapacidad de soportar la frustración también puede deberse a incertidumbres y tensiones recientes.
  • Son muy desconcertantes los chantajistas que parecen tenerlo todo y querer más. Con frecuencia las personas superprotegidas y consentidas no han tenido oportunidad de desarrollar confianza en su capacidad de afrontar las pérdidas. Ante el primer indicio de que podrían verse privadas son presas del pánico y se atrincheran en el chantaje.
  • Gran parte del sufrimiento y la confusión desencadenados por el chantaje emocional surge de ver que las personas que nos preocupan y que creemos que se preocupan por nosotros se convierten en seres tan necesitados de salirse con la suya que están dispuestos a pisotear nuestros sentimientos.
  • Suelen comportarse como si cada desacuerdo fuera el factor decisivo de la relación.
  • La intensidad de su deseo sólo adquiere sentido cuando te percatas de que no reaccionan ante la situación del presente, sino ante lo que dicha situación simboliza con respecto a su pasado.
  • La mayoría funcionan desde la perspectiva de que quieren lo que quieren cuando lo quieren.
  • Lo único que les importa es hallar alivio inmediato para sus miedos de privación … y encontrarlo al precio que sea.
  • Si vemos la intensidad con que experimentan la privación, percibimos una imagen más completa y nos resulta más fácil entender su forma de actuar.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2021/07/20/chantaje-emocional-de-susan-forward/
  • No se consideran punitivos, creen que mantienen el orden, que hacen las cosas con mano firme o “lo que es correcto”. Se consideran fuertes y a cargo de la situación. Si su comportamiento nos hace daño, pero para nosotros. El fin justifica los medios.
  • Muchos se consideran víctimas.
  • El castigo también permite que adopten una postura activa y agresiva que los lleva a sentirse poderosos e invulnerables.
  • Para demostrar lo fuerte que son golpean a otros cuando se frustran.
  • Los más punitivos son los que han perdido o temen perder a alguien importante porque esta persona ha tomado distancia emocional o debido a una separación, divorcio o desavenencia profunda en la relación.
  • Es como si dijeran: “No sirves para nada, pero haré cuanto esté en mi poder para retenerte”, lo que también muestra lo desesperados que están.
  • Los insultos y la infantilización también se explican por la regla de que lo hacen “por tu propio bien”. En general hay menos malicia de la que suponemos. La mayoría están convencidos de que nos dan valiosas lecciones.
  • Son capaces de soportarlo casi todo si logran que los blancos parezcan débiles.
  • A veces las tensiones del presente en la vida reabren viejas heridas, por lo que ataca al blanco que se ha convertido en representante de una figura del pasado. Cuando ocurre, su castigo resulta rimbombante y totalmente injustificado.
  • Por extraño que parezca, el castigo permite que mantenga una fuerte conexión emocional contigo. Al crear una atmósfera muy cargada sabe que activa los sentimientos del blanco y, aunque sean negativos, fomenta un vínculo estrecho. El castigo mantiene mucha pasión y ardor en una relación quebrada.
  • El uso de los hijos como arma contra el progenitor que no tiene la custodia es una de las formas más antiguas y crueles del chantaje emocional. No existe apuesta más alta. Resulta muy eficaz.
  • Lo más importante a tener en cuenta en nuestro recorrido por la psique del chantajista consiste en saber que el chantaje emocional suena como si tuviera que ver contigo y lo sientes como si tuviera que ver contigo aunque, en su mayor parte, no tiene nada que ver contigo. Surge del chantajista e intenta estabilizar algunos puntos bastantes inseguros de su interior. Se trata de miedos, ansiedades e inseguridades que residen en el chantajista.
  • Desempeñamos un papel fundamental en el proceso del chantaje. Al fin y al cabo, sin nuestro acatamiento no tendría lugar.
  • Siempre resulta más cómodo concentrarnos en lo que hace el otro en lugar de reconocer lo que ponemos en juego.
  • A fin de romper la sociedad del chantaje tendrás que volcar tu atención hacia adentro y analizar los elementos que, a menudo sin darte cuenta, te han llevado a participar de la extorsión emocional.
  • No estoy diciendo que lo provoques o lo causes, sino que permites que ocurra.
  • Cuando afrontas las presiones del chantajista emocional:
    • ¿Te regañas constantemente por ceder a las demandas?
    • ¿Sueles sentirte frustrado y resentido?
    • ¿Experimentas culpa y te consideras una mala persona si no cedes?
    • ¿Temes que la relación se rompa si no cedes?
    • ¿Te conviertes en la única persona a la que apelan si estalla una crisis, aunque hay otros que también pueden colaborar?
    • ¿Crees que las obligaciones hacia los demás son mayores que las que tienes hacia ti mismo?
    • Si has respondido afirmativamente a cualquiera de las preguntas, tus respuestas a las presiones contribuyen a crear el clima ideal para el chantaje.
  • La estrategia más corriente que aplican las personas que intentan afrontar sus puntos débiles se sintetiza con pocas palabras: evitarlos cueste lo que cueste. Quizás no sabemos que lo hacemos. Al rodear de puntillas nuestros puntos candentes prácticamente trazamos el mapa de su emplazamiento y quienes nos conocen lo ven.
  • Todos sabemos a qué son sensibles los seres que nos rodean. Cuando los chantajistas se sienten seguros tampoco lo utilizan. Si tienen que hacer frente a la resistencia, sus miedos de privación se disparan, descartan la comprensión y utilizan la información de la que disponen para prevalecer.
  • Estas cualidades “protectoras” nos vuelven vulnerables al chantaje emocional:
    • La necesidad exacerbada de aprobación.
    • El profundo miedo a la cólera.
    • La necesidad de que haya paz al precio que sea.
    • La tendencia a asumir un exceso de responsabilidad con relación a la vida de los otros.
    • Un alto nivel de dudas sobre ti mismo.
  • Con mucha frecuencia los blancos son traicionados precisamente por las reacciones que creen que los protegerán.
  • El lema de los adictos a la aprobación es el siguiente: “Si no la recibo, he hecho algo mal”. O, pero aún: “Si no me aprueban es que tengo algún problema”.
  • Los más sensibles adictos a la aprobación son reacios a actuar por sus propios intereses si corren el riesgo de desencadenar el desdén de cualquiera.
  • Muchos vivimos como si existieran doce mandamientos: los diez que todos conocemos, así como “No te enfadarás” y “No harás que los demás se enfaden contigo”. Ante el primer atisbo de desacuerdo nos apresuramos a hacer las paces y a apagar el fuego porque tememos que se extienda.
  • Muchos creemos que debemos cargar con la culpa de cualquier problema de nuestra vida o de la de los demás, aunque tengamos poco o nada que ver con lo que ocurre. Los chantajistas alimentan esta idea. De hecho, exigen que la compremos.
  • Para los niños la familia es el mundo y fallarle equivale a que el universo se haga trizas y arrastre a todos.
  • Las personas con síndrome de Atlas creen que deben resolver todos los problemas en solitario y relegar sus necesidades. Como Atlas, que acarreaba el mundo en los hombros, llevan el peso de reparar los sentimientos y los actos de todos con la esperanza de expiar transgresiones pasadas o futuras.
  • No es extraño que una persona se convierta en representante de todo lo que va mal en la familia.
  • Evitar los conflictos, hacer las paces y dudar un poco de ti mismo no te hará daño, siempre y cuando no se conviertan en la coraza que presuntamente te protege de los sentimientos que piensas que no puedes soportar.
  • Piensa qué haces cuando te enfrentas a la presión del chantajista: te disculpas; “razonas”; discutes; lloras; suplicas; cambias o anulas planes y citas importantes; cedes con la esperanza de que sea la última vez; te rindes.
  • Reflexiona si te resulta difícil o imposible: dar la cara por ti; afrontar lo que ocurre; fijar límites; informar a los chantajistas de que su comportamiento es inaceptable.
  • Cada día enseñamos a los demás cómo han de tratarnos porque les mostramos lo que aceptamos, lo que rechazamos, lo que nos negamos a afrontar y lo que dejamos estar.
  • Muchos no nos damos cuenta de que el chantaje emocional se basa en una serie de pruebas y cuando funciona a pequeña escala no tardamos en volver a verlo en cuestiones más significativas. Cuando cedemos a la presión o el malestar proporcionamos refuerzo positivo, es decir, que recompensamos el comportamiento incorrecto.
  • Aprenden hasta dónde pueden llegar porque observan hasta dónde les permitimos llegar.
  • ¿Con qué frecuencia nos privamos de algo razonable y que está a nuestro alcance sólo porque tememos la reacción de otro?
  • ¿Que aspecto tiene la integridad?
    • Defiendo aquello en lo que creo.
    • No permito que el miedo dirija mi vida.
    • Me enfrento a los que me han hecho daño.
    • Defino quién soy en lugar de ser definido por otros.
    • Cumplo las promesas que me hago a mí mismo.
    • Protejo mi salud física y emocional.
    • No traiciono a los demás.
    • Digo la verdad.
  • No es necesario que te vuelvas inflexible o te castigues si cedes en cuestiones relativamente secundarias. Casi todos los seres humanos nos damos cuenta de que a menudo tenemos que ceder un poco y llegar a un compromiso, y en muchas ocasiones aguantar la presión no tiene tanta importancia.
  • Siempre hay un mínimo, un punto en el que ceder es lo mismo que violar nuestros principios y creencias más importantes.
  • Por muy confundidos, dudosos o ambivalentes que seamos sobre lo que ocurre en nuestras interacciones con otros, es imposible silenciar por completo la voz interior que siempre nos dice la verdad. Esta voz es la guardiana de nuestra integridad.
  • Una de las consecuencias más graves del chantaje emocional es la forma en que estrecha nuestro mundo.
  • Volver la ira hacia adentro se convierte en depresión, o racionalizarla para disimular la cólera.
  • No comparto la idea de que toda dolencia física es psicosomática, aunque existen abundantes pruebas de que mente, emociones y cuerpo están estrechamente relacionados.
  • En muchas ocasiones hemos estado en una situación imposible y, en virtud de sus necesidades, el chantajista nos ha obligado a elegir entre dos seres que nos importan.
  • Con frecuencia nos abstenemos incluso de la mínima expresión cariñosa porque tememos que sea interpretada como señal de que hemos cedido a sus presiones. Nos convertimos en avaros emocionales porque no queremos alimentar las esperanzas o las fantasías del chantajista.
  • La buena noticia es que, si estás dispuesto a actuar ahora y dar pie a que tus sentimientos de confianza y competencia se pongan al día, podrás poner fin al chantaje emocional. La mala es que tienes que iniciar el proceso de cambio cuando aún estás asustado.
  • En la mayoría de los casos lo único que necesitas es valor y decisión.
  • Cuando se trata de introducir cambios importantes en la vida solemos esperar resultados inmediatos. La verdad ineludible sostiene que aprender nuevas aptitudes requiere práctica y que usarlas con comodidad puede llevarte tiempo.
  • Tal vez no me creas, pero eres mucho más fuerte de lo que imaginas. “Puedes soportar” la presión y el primer paso consiste en cambiar toda convicción que te indique lo contrario.
  • Cuando te relacionas con chantajistas emocionales:
    • Me convenzo de que ceder no es nada del otro mundo.
    • Me convenzo de que ceder vale la pena si consigo que el otro se calle.
    • Me convenzo de que lo que quiero es erróneo.
    • Me convenzo de que no vale la pena librar una batalla.
    • Cedo ahora porque después me mantendré firme.
    • Me convenzo de que ceder es mejor que herir los sentimientos de otros.
    • No doy la cara por mi.
    • Renuncio a mi poder.
    • Hago cosas para satisfacer a los demás y confundo lo que deseo.
    • Me conformo.
    • Renuncio a personas y actividades que me importan.
  • Lo primero que tiene que hacer el blanco del chantaje emocional es nada. Esto significa que no tomas la decisión sobre la respuesta en cuanto se plantea la demanda. Parece fácil, pero puede resultar desafiante, por lo que es importante fortalecerse y prepararse.
  • En primer lugar, necesitas concederte tiempo para pensar y alejarte de la presión. Algunas propuestas de primera respuesta para cualquier demanda:
    • No puede responder ahora mismo. Necesito tiempo para pensar.
    • Es demasiado importante para decidirlo rápidamente. Lo pensaré.
    • No estoy dispuesto a tomar una decisión ahora mismo.
    • No estoy seguro de lo que pides. Hablaremos más tarde.
  • Cuando entras sin darte cuenta en el universo del “actúa ahora porque es la última oportunidad”, que es donde tienen lugar casi todos los chantajes, la presión se desata.
  • Por el mero hecho de decir “Necesito tiempo” has modificado el equilibrio de poder de la relación y has colocado al chantajista en la posición de tener que esperar a ver qué haces, papel reactivo y mucho menos poderoso.
  • Aprender a soportar el malestar en nombre del cambio saludable es de lo más difícil que tenemos que hacer. No pasa nada si mientras recuperas la integridad te sientes seguro y ansioso. No permitas que el malestar te aparte del camino.
  • El malestar interior es uno de los principales impedimentos del cambio y estamos tan acostumbrados a reaccionar como si se tratara de un fuego que hay que apagar, con el que muchos no hemos aprendido a convivir en las cantidades naturales que acompañan el cambio. Lo apartamos, lo apagamos, lo tratamos como si no tuviera espacio en nuestras vidas y con esta actitud eliminamos algunas de las opciones más eficaces. Somos tan reacios a examinar el malestar que a menudo entendemos mal lo que intenta transmitirnos y reaccionamos ciegamente a su presencia en lugar de averiguar qué significa.
  • Es fundamental que si entras en el triángulo del conflicto entre dos personas de tu vida te retires elegantemente del cuadrilátero negándote a hacer de mensajero o de árbitro. Si no te apartas puedes estar seguro de que los malos sentimientos entre los otros caerán sobre ti y nada se resolverá.
  • La gente suele hacernos muchas preguntas y con frecuencia sentimos que tenemos que dar una respuesta definitiva en el acto. Obviamente, no es así.
  • Aunque la persona que te presione no sea chantajista, sino alguien que te cae bien y respetas, es fundamental que defiendas tu propio tiempo y no te sientas impelido a tomar una decisión, sobre todo si es importante.
  • Ganar tiempo te permite experimentar tus pensamientos, prioridades y sentimientos.
  • Cuando hablo de distancia emocional me refiero a bajar la llama y permitir que tus sentimientos se enfríen. Ante el chantaje emocional los sentimientos pueden ser tan intensos que te resulta imposible pensar, razonar, evaluar o analizar tus opciones. Esta mezcla de sentimientos suele parecer abrumadora. Lo conseguirás si dedicas unos minutos a serenarte.
  • Viajar de las entrañas a la cabeza resulta útil cuando estás sometido a la presión del chantaje, pues es fácil quedar tan atrapados en los sentimientos de miedo, obligación y culpa que nuestras percepciones se vuelven fragmentarias y se distorsionan. Sólo pido que añadas razón y percepciones a la mezcla para no guiarte exclusivamente por las emociones.
  • Entre las ideas habituales en los blancos del chantaje figuran las siguientes:
    • Es correcto dar mucho más de lo que recibo.
    • Si quiero a alguien soy responsable de su felicidad.
    • Se supone que las personas buenas y cariñosas hacen felices a los demás.
    • Si hago lo que quiero, el otro me considerará egoísta.
    • Ser rechazado es lo peor que me puede ocurrir.
    • Si nadie resuelve el problema, entonces depende de mí.
    • Con esta persona nunca gano.
    • El otro es más listo o fuerte que yo.
    • hacer esto no me matará porque realmente me necesitan.
    • Sus necesidades y sentimientos son más importantes que los míos.
    • Ninguna de estas afirmaciones es verídica y nos aferramos a ellas porque las hemos asimilado a lo largo de los años. A menudo pensamos que elegimos estas creencias, pero han sido transmitidas por personas poderosas en cada etapa de nuestras vidas.
  • Prácticamente todo sentimiento de ansiedad, pesar, temor o culpa que experimentamos como respuesta al chantaje emocional va precedido de una creencia negativa o errónea sobre nuestra capacidad, afecto y responsabilidad hacia los demás.
  • Conocer tus creencias profundas te ayudará a entender por qué sientes lo que sientes.
  • ¿Qué sientes al repasar tu transacción con el chantajista? Colérico, amenazado, dolido, culpable, irritado, inseguro, frustrado, decepcionado, equivocado, insuficiente, condenado, asustado, ansioso, sin amor, resentido, atascado, atrapado, abrumado.
  • En ocasiones nuestro cuerpo nos muestra una verdad que nuestra mente no revela. Podemos decir que, en realidad, no estamos ansiosos …y entonces reparamos en que estamos empapados en sudor. ¿Por qué tengo un nudo en el estómago? El cuerpo no miente.
  • Siempre que identifiques sentimientos de cólera o de resentimiento, es la alerta para que prestes atención a aspectos de la demanda que van en tu contra.
  • Entre los disparadores de comportamientos que he visto figuran los siguientes: gritos; portazos; ciertas palabras que nos hacen sentir mal; llanto; suspiros; expresión contrariada, como la cara enrojecida, las cejas enarcadas o el ceño fruncido; silencio.
  • Mientras observas es fundamental que seas lo más sincero posible. No juzgues los sentimientos, no los evalúes, ni intentes decidir si son válidos o nulos, o si tienes derecho a experimentarlos.
  • Sigue observando hasta que establezcas conexiones entre tus creencias, sentimientos y comportamientos.
  • ¿Hay algo en la demanda que me incomoda? ¿De qué se trata? ¿Qué parte de la demanda me parece aceptable y cuál no? ¿Lo que el otro quiere me hará daño? ¿Lo que el otro quiere hará daño a terceros? ¿Su petición tiene en consideración mis deseos y sentimientos? ¿Hay algo en la demanda o en su presentación que me haga sentir atemorizado, obligado o culpable? ¿De qué se trata? ¿Qué representa para mí?
  • La mayoría de las demandas se dividen en tres categorías:
    • La demanda no es nada del otro mundo.
    • La demanda incluye cuestiones importantes y tu integridad está en juego.
    • La demanda incluye una cuestión vital primordial y ceder sería dañino para ti o para terceros.
  • Me gustaría que excluyeras la palabra “automáticamente” de tus tratos con el chantajista emocional. <por muy nimia que sea la cuestión, examina la demanda, sobre todo el estilo en que se plantea. Obtén una clara comprensión de las partes que te molestan, si es que existen, y analiza la transacción en el contexto del conjunto de la relación.
  • Muchos blancos del chantaje emocional suelen reaccionar bajo mínimos. Significa que a menudo restan importancia a sus sentimientos de malestar, niegan que haya algo que les moleste y emplean racionalizaciones para convencerse de que sus objeciones a las peticiones de los demás son infundadas.
  • Si en una relación experimentas malestar e intimidación emocional, es importante ser más crítico que en otras circunstancias.
  • Si crees que eres de los que reaccionan bajo mínimos, te sugiero que te preguntes: ¿Se está desarrollando una pauta? ¿Tengo las costumbre de decir “No pasa nada”, “No hay ningún problema”, “Me da igual” o “No me importa”? Si dependiera exclusivamente de mí, ¿qué haría? ¿El cuerpo me dice algo diferente de lo que transmite mi mente?
  • La presión de los chantajistas puede resultar insultante, irritante o denigrante, y es imprescindible que no la minimicemos ni la dejsmo estar sólo porque la cuestión parece insignificante y no pensamos poner reparos.
  • El acatamiento consciente es el sí que decides dar después de pensar en lo que el otro quiere y de inutilizar los mecanismos del acatamiento automático observando y reparando en tus pensamientos, sentimientos y preferencias.
  • Cuanto tengas clara tu decisión antes de responder al chantajista, lograrás compromisos que con mucha frecuencia serán satisfactorios para ambos.
  • Si accedes a la petición: ¿Defiendo aquello en lo que creo? ¿Permito que el miedo dirija mi vida? ¿Me enfrento a los que me han hecho daño? ¿Defino quién soy en lugar de ser definido por otros? ¿Cumplo las promesas que me hago a mí mismo? ¿Protejo mi salud física y emocional? ¿Traiciono a alguien? ¿Digo la verdad?
  • Cuando alguien te pide dinero prestado, parece que se trata de si puedes dejárselo y de si el otro es digno de confianza. Entre los íntimos el dinero nunca es, simplemente, dinero. Es un intenso símbolo de afecto, confianza, competencia, ganadores y perdedores. Los amigos y parientes con distintos niveles de éxito o económicos suelen guardarse envidias y resentimientos que contaminan profundamente sus relaciones.
  • Un préstamo de dinero conduce a otro.
  • La verdadera intimidad no existe si no transmitimos al otro lo que nos satisface y nos desagrada, lo que nos excita y nos pone incómodos.
  • No existen reglas abslutas, sino aquéllas acordadas entre tu pareja y tú. Has de ser claro sobre lo que deseas y necesitas, y analizar minuciosamente lo que te piden. Al igual que en cualquier otro aspecto de la vida, tienes que evaluar el impacto que peticiones o demandas perturbadoras ejercen en tu integridad y decidir lo que quieres hacer.
  • En una buena relación entre dos personas sexualmente compatibles ceder de vez en cuando no daña la integridad, siempre y cuando no se convierta en una obligación o en un trabajo pesado.
  • Necesitamos sentirnos libres de protegernos cuando lo que nos piden traspasa nuestros límites y lo consideramos nocivo.
  • Un modo eficaz de dar rienda suelta a las emociones volubles consiste en colocar una silla delante de ti e imaginar que el otro está sentado. Di en voz alta lo que durante tanto tiempo has pensado y sentido.
  • Escribir una carta al chantajista, sobre todo si la situación está muy deteriorada, es un modo seguro de expresarte. Considéralo una manera de ser elegante pese a las presiones.
  • Los progenitores suelen pensar que deben permanecer juntos “por el bien de los niños”, pero he comprobado que es mucho más traumático y destructivo que estén expuestos a dosis diarias de hostilidad y desesperación por parte de padres desdichados que la experiencia de una ruptura clara.
  • Existen excelentes actividades para reducir el estrés. La meditación, el yoga, las clases de baile, la participación en deportes y actividades lúdicas y estar con personas con las que te diviertes hacen fluir las endorfinas, que incrementan las sensaciones placenteras y disminuyen las incómodas.
  • No te defiendas ni expliques tu decisión o tu persona como respuesta a las presiones.
  • Como muchos chantajistas sorprendidos han comprobado, si el blanco no añade leña al fuego fracasan los intentos de extorsión que hasta entonces han funcionado a la perfección.
  • Cuando se trata de plantear y defender tu decisión lo más importante no es lo que sientes, sino lo que dices.
  • El otro puede exigirte explicaciones y el análisis razonado de la decisión. ¡No lo hagas! No discutas, no des explicaciones, no te defiendas ni respondas a un por qué con un porque.
  • En tus tratos con chantajistas silenciosos:
    • No esperes que den el primer paso para resolver el conflicto.
    • No les supliques que te digan qué pasa.
    • No insistas en que te den una respuesta, pues se replegarán todavía más.
    • No critiques, analices ni interpretes sus motivos, su carácter o su incapacidad de ser directos.
    • No aceptes voluntariamente los reproches sobre lo que los ha alterado a fin de que estén de mejor humor.
    • No permitas que cambien de tema.
    • No te dejes intimidar por la tensión y la cólera imperantes.
    • No permitas que la frustración te lleve a plantear amenazas que no vas a cumplir.
    • No supongas que si se disculpan sus palabras irán acompañadas de un cambio significativo de comportamiento.
    • No esperes grandes cambios de personalidad por mucho que reconozcan lo que hacen y estén dispuestos a trabajar sobre la cuestión.
  • La tarea más difícil consistirá en no estar a la defensiva y convencer a la persona soterradamente colérica que tiene todo el derecho del mundo a enfadarse, pese a que a lo largo de la vida haya creído lo contrario.
  • Cuando el chantaje emocional llega a un punto muerto, es aconsejable variar la conversación e involucrar al otro en tu proceso de resolución de problemas. Pedir ayuda, sugerencias o información puede representar posibilidades con las que no habías contado y es muy humano que los demás se sientan más contentos de cumplir una decisión si han participado.
  • Lo fantástico del trueque para reducir el chantaje emocional radica en que elimina la idea de que la carga del cambio recae exclusivamente en una persona. En el trueque es imposible dar sin recibir, por lo que no hay perdedores. Nadie quiere ceder y nuestro rechazo a las soluciones unilaterales impide que la mayoría de las personas den el primer paso para resolver un conflicto.
  • A muchos chantajistas emocionales les resulta fácil disculparse y decir que introducirán cambios y mucho más difícil cumplir sus promesas.
  • En una relación esencialmente buena el humor es un instrumento eficaz para mostrar al otro lo que opinas de su comportamiento.
  • No hay nada más íntimo que compartir un chiste personal. El humor vincula a las personas y recordar experiencias cargadas de humor forma parte del entramado de una relación sólida.
  • El humor es terapéutico: reduce la tensión sanguínea y puede anular el fragor de un encuentro potencialmente explosivo con alguien con quien tienes problemas.
  • Hasta que expreses tus sentimientos y definas los límites que necesitas fijar en la relación es imposible saber cómo reaccionará el otro.
  • Con frecuencia he oído decir a las personas que apelan al chantaje emocional: “¿Por qué no me lo dijiste? o “Si hubiera sabido cuánto daño te hacía mi comportamiento habríamos resuelto la situación antes de que se pusiese tan mal”. No son mentiras. Suelen ignorar lo dolorosos que son su comportamiento y presiones porque los blancos están demasiado asustados, encolerizados o desmoralizados para expresarlo, ya que tienen el convencimiento de que no servirá de nada.
  • No te sorprendas de la sorpresa del otro al conocer tus sentimientos. Cualquiera que sea su reacción, sigue hablando, exprésate con franqueza y emplea la comunicación no defensiva.
  • Después de un diálogo franco con el otro necesitamos información que sólo el tiempo proporciona. A medida que pase el tiempo podemos notar que las promesas se olvidan y los viejos hábitos resurgen. Es fundamental tomar la decisión de no decidir un camino definitivo hasta ver qué hace el otro.
  • Debemos recordar que lo que le pedimos al chantajista es totalmente razonable: queremos que deje de manipularnos.
  • Si la supervivencia de una relación depende de que cedas constantemente al chantaje emocional, pregúntate si dicha relación es tan valiosa como tu bienestar.
  • Nos saboteamos cada vez que cedemos para evitar sentimientos incómodos en lugar de aprender a manejarlos.
  • Cuando cedo a quien me presiona lo hago porque:
    • Miedo.
      • Temo su desaprobación.
      • Temo su cólera.
      • Temo que ya no le guste/no me quiera e incluso que me abandone.
    • Obligación.
      • Se lo debo.
      • Ha hecho tanto por mí que no puedo negarme.
      • Es mi deber.
    • Culpa.
      • Si no lo hago me sentiré muy culpable.
      • Si no lo hago me sentiré egoísta/poco cariñoso/acaparador/mezquino.
      • Si no lo hago no seré una buena persona.
  • Resolver eficazmente el miedo significa aprender a dejar de lado nuestros guiones más obsesivos y aterradores y desarrollar opciones positivas. Has permitido que la imaginación opere en tu contra. Deja que ahora funcione a tu favor.
  • Liberarte del miedo a la desaprobación supone saber qué valores y juicios te pertenecen y cuáles te han sido impuestos desde fuera. Significa saber qué valoras de ti mismo, tener la valentía de afrontar la desaprobación y aferrarte a tus propias creencias y deseos.
  • No nos enseñan a hacer frente a la cólera del otro t la mayoría de los seres humanos tenemos un repertorio limitado de respuestas. Lo primero que hay que hacer con los que gritan es buscar un momento de serenidad y notificarles lo que pasa.
  • Solemos imaginar que los gritos de los demás escalan hasta el punto en que pierden el control y apelan a la violencia. Si realmente temes que otro te haga daño, no tiene sentido que te relaciones con él.
  • Reescribe tantas escenas de chantaje emocional como quieras y con la frecuencia que te apetezca, soltando la imaginación para experimentar lo que significa recuperar tu propio poder.
  • Cualquiera que sea la cólera que imaginas te darás cuenta de que la persona que has considerado poderosa y a cargo de la situación es, en realidad, una especie de cobarde emocional, ya que en esto consisten las intimidaciones.
  • Los castigadores gritones y airados y los enfurruñados pasivamente agresivos son, en realidad, chiquillos asustados. Esto no hace menos inaceptable su comportamiento, pero permite que nos cause menos miedo.
  • A nadie le gustan los grandes cambios vitales. Lo conocido resulta cómodo y, aunque nos haga desgraciados, al menos sabemos qué esperan de nosotros y qué podemos esperar de los demás.
  • En cuanto pensamos en cualquier cambio importante casi todos experimentamos cierto pánico.
  • Cerciórate de que el grupo al que te unes está formado por personas que desean cambiar más que por miembros que se quejan de todo y cuenta batallitas. Existe una fantástica energía terapéutica en las personas que se apoyan entre sí en momentos difíciles y que se esfuerzan por reconstruir su seguridad en si mismo para que el cambio sea un desafío más que un enemigo.
  • El miedo al abandono podría ser la madre de todos los miedos. Todos lo sentimos. Algunas personas lo manejan bien y para otras se trata de un miedo profundo.
  • Activamos nuestros miedos al alimentarlos constantemente con nuestra atención mental.
  • ¡Qué vulnerable eres a la manipulación si centras tu supervivencia emocional en una sola persona!
  • Cuando tenemos miedo solemos apartar de nuestra mente las personas y experiencias gozosas y apreciadas que nos alimentan.
  • No nacemos con el concepto de la obligación, sino que lo aprendemos de nuestros progenitores, en la escuela, de la religión, de la política y la cultura.
  • ¿Dónde está escrito que las necesidades de los demás son más importantes que las tuyas? ¿Dónde está escrito que debes sacrificar tu bienestar para cuidar de una madre exigente que es perfectamente capaz de cuidarse sola? Sólo existen en el sistema de creencias acerca de cómo se supone que debes comportarte en el mundo.
  • La culpa extrae casi todo su poder del hecho de que la mayoría de nosotros tenemos muchas dificultades para distinguir la adecuada de la inmerecida. Creemos que si nos sentimos culpables es porque hemos hecho algo malo.
  • Respetar tu integridad significa asumir la responsabilidad de tu comportamiento y enmendarlo. No quiere decir que seas un monstruo.
  • Los chantajistas operan a partir de sus miedos y frustraciones, y a menudo las cosas de que te acusan son precisamente las características y los comportamientos que justifican en sí mismos. Los han proyectado sobre ti y esperan que cuajen.
  • El inconsciente presta mucha atención a las ceremonias y los rituales simbólicos.
  • Cuando el inconsciente rechaza un cambio saludable es eficaz tocarlo con metáforas y relatos en lugar de apelar a la terapia tradicional.
  • Sé amable contigo mismo y presta atención a tus sentimientos y a lo que éstos te transmiten. Si te agobias, tal vez sea aconsejable una terapia breve o contar con el apoyo adicional de un ser próximo. Sigue tu ritmo y escoge los ejercicios y las tareas que se apliquen a tu situación. Te aseguro que el esfuerzo valdrá la pena.
  • Cambiar el comportamiento no es un proceso lineal ni instantáneo.
  • No existe la persona tan expresiva y libre de ansiedades a la que siempre se le ocurren las palabras exactas y adecuadas para desviar las presiones y amenazas de otro. Sé amable y perdónate a ti mismo.
  • En cuanto dejes de esperar que los demás cambien y trabajes tu propio comportamiento pensarás que los milagros existen. Aunque las personas que te rodean apenas cambien, tú serás diferente y el mundo te parecerá distinto.
  • Toda relación que sólo sobrevive si eres el blanco que acata el chantaje emocional no es la que alimenta tu bienestar.

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