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Todo se puede entrenar de Toni Nadal

Posted by Raul Barral Tamayo en jueves, 24 de marzo, 2022


© 2015 Toni Nadal Homar, c/o Thinking Heads
Editorial: Alienta Editorial.

Rafa Nadal se ha convertido en un referente dentro del mundo del deporte no sólo por su éxito espectacular, sino también por la encarnación de una serie de valores que trascienden lo deportivo.

Toni Nadal, su entrenador desde la infancia, ha logrado convertirse en modelo de una manera de trabajar y de enfocar las relaciones profesionales que, a pesar de su sencillez, resulta profundamente revolucionaria.

En Todo se puede entrenar hace un repaso a todos los principios que inspiran su exitoso método, comenzando por una tajante defensa de la formación del carácter frente a la formación técnica como pilar indispensable del triunfo.

Saber competir (en cualquier ámbito) exige no sólo, o no principalmente, poseer una serie de conocimientos en la materia correspondiente y desarrollar destrezas con virtuosismo, sino sobre todo, tener la fortaleza emocional necesaria para afrontar las situaciones de presión y ser capaz de revertir procesos adversos.

Toni Nadal (Manacor, 1960) es uno de los principales artífices del éxito de la estrella del tenis mundial, Rafa Nadal. Su experiencia, sus reflexiones y su capacidad de trabajo han contribuido a que las capacidades innatas de su pupilo se desarrollen al máximo.

Toni Nadal inició a su sobrino en el deporte de la raqueta a la temprana edad de cuatro años. Rafa también compitió en fútbol hasta los doce años, deporte en el que hubiera podido llegar a ser un profesional si no fuera porque a los doce años se decantó por el tenis. Sus prematuros éxitos en esta disciplina y una proyección que vislumbró tempranamente su tío propiciaron la decisión.

Toni Nadal, que dirigió la escuela de tenis del Club Tenis Manacor, entrenó a Rafa Nadal en canchas en mal estado y usando bolas de tenis de mala calidad, sólo para enseñarle que ganar o perder no depende de factores ajenos a nuestra voluntad, sino que intervienen mucho más la actitud, la disciplina y el enfoque.

Para él, las cualidades más importantes para ganar, las que inculcó a Rafa, son la ilusión, el equilibrio mental, el trabajo duro y la humildad. Aparte de eso, otra de sus prioridades fue desarrollar el carácter de su pupilo porque sabía que esto tiene un profundo impacto en la motivación y en los resultados de un mundo altamente exigente.

En la actualidad sigue entregado a la carrera de su sobrino y está involucrado en el proyecto de la Rafa Nadal Academy.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • Hay que ser un fanático o un tonto para no tener dudas.
  • Me daría vergüenza y me parecería un atrevimiento dedicarme a dictaminar y a no dejar margen a otra argumentación u opinión. Bajo ningún concepto quiero aleccionar, aconsejar, enseñar, ni, mucho menos, predicar.
  • A mí lo que me gusta es rebatir, incluso a mí mismo, y esto me lleva a no dar, casi nunca, con una versión racionalmente definitiva de casi nada.
  • Una de las cosas que me dan más placer es hablar con personas que aportan nuevos puntos de vista, más o menos acertados; eso casi me da igual si los argumentos son lógicos, explicables y, por consiguiente, enriquecedores. Me gusta hablar con personas que profundizan en las cosas y que no se quedan en la simple superficie, con gente que reflexiona y que busca ahondar en sus convicciones.
  • A mí siempre me sorprende que uno sea irreductible en sus puntos de vista, opiniones y forma de pensar.
  • ¿Cómo es posible que la gente tome posiciones tan firmes? ¿No tendrán dudas? Algunas veces tengo la sensación de que es producto de la irreflexión, de haber tomado una postura inalterable y de permanecer anclado en ella por comodidad.
  • La finalidad de este libro es explicar en qué he basado mi labor de entrenador, cuál ha sido mi estilo de trabajo, pero para nada darlo como el adecuado para todo el mundo.
  • Mi forma de trabajar es simple y sencilla. No soy dueño de grandes teorías ni ejecutor de muchas complicaciones. Durante toda la trayectoria deportiva de Rafael hemos trabajo más o menos igual. Nuestro trabajo es básicamente el mismo que el que hacíamos cuando era niño. Sólo hemos ido cambiando pequeños matices y nos hemos solo adaptado poco a poco a las circunstancias.
  • El deporte formó parte de la vida cotidiana de Rafael desde el día en que nació.
  • He tenido desde siempre algo que me ayudó y que he intentado aplicar después en la enseñanza del tenis: entender el deporte como algo simple.
  • Uno de los elementos más característicos de mi carácter: la constante persecución de objetivos. Me siento desorientado de lo contrario. Perseguir una meta ha marcado siempre mi forma de entender el mundo.
  • Descubrí, y sigo manteniéndolo, aun después de haber vivido el tenis de élite, que lo que realmente me gusta es trabajar con chavales en su años de formación. En estos años el aprendizaje suele ser más galopante; los frentes abiertos son unos cuantos. El carácter está en formación, el cuerpo se está desarrollando y el aprendizaje tiene que estar sometido a una adaptación continua.
  • Pienso que si uno aplica el sentido común y trabaja con constancia para perseguir unos objetivos, lo normal y probable es lograr resultados. Ganarlo todo es difícil, es más bien imposible, pero no concibo no intentarlo. No intentar el particular impulso de despuntar, de intentar hacer las cosas bien y mejorar continuamente.
  • Cuando uno trabaja con objetividad, cuando se hacen las cosas bien y se persevera, algún resultado positivo tiene que haber.
  • Rafael fue siempre un niño dócil y muy bueno. Su temperamento ha sido siempre tan apasionado como conciliador. Jamás te daba la oportunidad de tener que llamarle la atención o amonestarlo. Desde el primer día fue un niño dispuesto a aprender y a hacer todo lo que yo le ordenaba. No se rebelaba, no se impacientaba. Nunca se quejaba.
  • Siempre ha carecido de malicia o de astucia malintencionada, pero jamás fue un niño atontado.
  • Yo pienso que no es tan difícil combinar en el ámbito formativo una forma de proceder afectiva positiva, basada en el cariño y en la querencia, con una rectitud que no es conveniente abandonar.
  • No podemos tratar a los chicos que se están formando de tú a tú si queremos que nos obedezcan y que se dejen guiar. No podemos pretender que acepten una orden, una petición, una presión si contamos, como inalterable punto de partida, con su opinión. A mí me parece una equivocación dejar de ser autoritarios. Otra cosa muy distinta sería ser violentos, opresivos o agresivos.
  • La autoridad, que siempre había sido considerada un eje básico en la formación en cualquier ámbito, el familiar o el académico, se ha ganado, a santo de la demagogia que impera en todos los ámbitos de nuestra sociedad, la peor de todas las consideraciones.
  • La autoridad es el prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.
  • Mi autoridad es de antiguo cuño. He intentado que sea la autoridad del que guía e instruye y jamás ha sido una autoridad violenta, caprichosa o abusiva.
  • Creo que nos estamos desviando si lo que queremos es formar una sociedad de adultos maduros, sensatos y esforzados. Las consecuencias de este cambio ya están a la orden del día. Es una sociedad cada vez más antojadiza, infantil y poco acostumbrada a la adversidad y al esfuerzo.
  • Ya desde jovencito tuvo una vida organizada al minuto.
  • La ilusión es el gran impulsor de muchas cosas, lo que nos empuja a trabajar con perseverancia y a no dejar de perseguir los objetivos marcados. La ilusión es un elemento fundamental en la felicidad de las personas.
  • Narosky: «MI mayor ilusión es seguir teniendo ilusiones».
  • Pienso que no debemos entender tener ilusiones como un regalo que nos viene dado de forma predeterminada. Las ilusiones dependen en gran medida de que nosotros mismos nos las creemos. De lo contrario, se esfuman, desaparecen y caducan.
  • Me sigue pareciendo una broma y algo inaudito que el sistema educativo contemple la posibilidad de ayudar a los chavales que tienen problemas de aprendizaje, pero que no haya una alternativa que se adapte a los chicos que destacan en una determinada actividad.
  • Podemos observar un desprecio bastante creciente y generalizado en nuestra sociedad hacia lo que es la adquisición de unos conocimientos culturales básicos.
  • Nos llenamos la boca hablando de la importancia de hablar idiomas extranjeros, que la tiene, sin la menor duda, y maltratamos a diario las lenguas que son nuestras y que tanta riqueza literaria y cultural atesoran.
  • En todas las épocas anteriores a la actual se ha tenido un máximo respeto y admiración por las personas cultas. Hoy en día, vemos continuamente casos en los que el más tonto acaba siendo considerado el más listo. El bufón es el rey. Queda patente a diario con los datos de las audiencias que disfrutan los programas televisivos más grotescos.
  • Estoy hablando de una frivolidad generalizada que nos aqueja y que nos hace despreciar todo lo que no sea fácil, divertido, rápido, banal y de sencilla digestión.
  • Seguimos empeñados en conservar un sistema educativo que ignora la pluralidad de la inteligencia humana.
  • Necesitamos educar a nuestros jóvenes por encima de todo en el interés por las cosas y en darles las herramientas para descubrirlas.
  • Hay que aprender a reflexionar bien, a argumentar y a sacar conclusiones. Ya podemos tener muchos conocimientos que si no sabemos analizarlos, sintetizarlos y expresarlos, difícilmente nos servirán.
  • Hay que introducir valores en el sistema educativo. Los docentes necesitan la ayuda de toda la sociedad porque si no es así, la labor es demasiado ardua para ellos. El valor del respeto hacia el maestro, hacia sus conocimientos y hacia el bien que les hacen a nuestros hijos. El valor de querer esforzarse y de que este esfuerzo tenga buena prensa.
  • Daniel Goleman: «La finalidad de un maestro debería ser conseguir que el alumno quiera hacer lo que debe hacer».
  • Ya en esos años iniciales, cuando la diversión era la nota dominante en nuestras sesiones tenísticas, establecimos un código de trabajo en el cual la exigencia tiraba de mi sobrino.
  • Yo creo que a un niño también hay que imprimirle unas obligaciones y unos objetivos. Es un hecho que la tendencia actual es intentar que los más pequeños vivan en un universo perpetuamente «de cuento» en el que la finalidad máxima es dar preferencia a un mundo ideal.
  • Los niños han pasado a ser el centro de los núcleos familiares. Hay que hacerlo porque si no es así, eres un padre que no piensa en la felicidad de sus hijos y en proporcionarles lo mejor que se le puede proporcionar a un niño: la diversión en bandeja.
  • Hoy en día, crecer en un ambiente el que se da por consabido que los jóvenes y niños se están formando y por tanto aún no deciden, ni dominan, ni imponen, me parece lo más adecuado y acertado. Eso no quita que puedas criarlos en un ambiente con todo el cariño necesario para una formación emocional correcta.
  • No me gusta para nada que el máximo objetivo sea que nuestros descendientes se lo pasen bien. Me sentiría estúpido si yo me dedicara a entretener y divertir a mis hijos. Mi dedicación y mi máxima aspiración es intentar formarlos bien. Lo del entretenimiento les será más fácil si consigo que sean adultos cabales y no adultos caprichosos.
  • Me gusta ver cómo mis hijos o cómo mi sobrino se lo pasan bien. Pero para que este beneficio sea duradero no puede ser ni el punto de partida, ni la nota dominante. La diversión, aunque a mí me gusta más perseguir la satisfacción, para que sea duradera, tiene que ser merecida.
  • Yo creo que la exigencia es necesaria a lo largo de toda la vida; es más, pienso que da mucho sentido a la vida.
  • Ya desde el principio dediqué muchas horas a explicarle a Rafael todo lo que yo creía vital para su evolución. Desde muy pequeño le obligué a plantearse cuáles eran sus objetivos y a ser consecuente con ellos. La exigencia es esto. Nada más. Ser consecuente con una meta, con los desafíos que se plantea uno mismo.
  • Una parte importantísima en mi labor de entrenador, podría afirmar que la más importante de todas, ha sido hablar con mi sobrino, hacerle estas reflexiones y repetírselas continuamente.
  • Mi sobrino se ha caracterizado siempre por imprimir gran ritmo e intensidad en sus entrenamientos diarios. Cuando entra en la pista, tiene en mente lo que tiene que hacer, qué persigue o qué quiere conseguir.
  • Es muy común que los entrenadores hagan ejercicios en la pista de repetición de pautas. Yo intenté siempre que llevara a cabo cualquier acción bajo su propia decisión. Y que su decisión respondiera de forma consecuente con un objetivo.
  • Cuando hablo de obediencia, otro término injustamente denostado, no hablo de una obediencia ciega, sino de reconocer y aceptar que hay que dejarse guiar por las personas que te preceden en la vida y que, por eso, saben más cosas que tú.
  • Mi intención primordial era enseñarle a aceptar la exigencia, a proponerse unos objetivos y a actuar en consecuencia.
  • A veces hay que dejar de lado lo que nos va bien para ganar un partido en pos de un aprendizaje o una evolución de miras no tan inmediatas.
  • A mí me ha ocurrido lo mismo que a cualquier padre que entre las ganas de que el niño fuera bueno y el miedo a que no lo consiguiera, me excedí en impulsividad, en manifestaciones verbales y también en exigencia.
  • La exigencia impuesta hacia otra persona sólo la entiendo en el marco de la etapa formativa. Si tiene que persistir pasada la barrera de una determinada edad, la que coincidiría de forma relativa con la entrada en la edad adulta, es porque, la formación perseguida ha sido un fracaso.
  • La exigencia impuesta sólo tiene sentido y efecto si va encaminada a la adquisición de la autoexigencia por parte del pupilo. La otra razón es simplemente una cuestión formal y de decoro.
  • Pienso que se ha producido tal banalización de esta ciencia (psicología) que estudia la mente humana y sus comportamientos que hemos llegado a convertir en patología cualquier conducta, por muy cotidiana y por pocas consecuencias negativas que tenga. Hemos logrado suplantar el sentido común por la necesidad de un especialista que analice todos nuestros actos y, sobre todo, que nos diga cómo tenemos que proceder. La tendencia es anestesiar o difuminar cualquier sensación que nos pueda causar una mínima molestia.
  • La persona autoexigente es vista como demasiado perfeccionista y con un trastorno de personalidad que le impide estar satisfecha consigo misma.
  • Se frustra quien tiene una valoración sobredimensionada de sí mismo. Se autolesiona quien no sabe evaluar de forma realista sus propios recursos y capacidades. Se desilusiona quien no es capaz de reflexionar positivamente sobre sus propias equivocaciones y ver que éstas son naturales en el ser humano.
  • Ahora soy más bien un acompañante que intenta aportar una perspectiva complementaria a la suya, es él quien está en la pista. Obviamente, expongo mis puntos de vista y mi opinión, dirijo los entrenamientos y marco lo que vamos a hacer. En mis valoraciones sigo siendo poco condescendiente, esto es verdad.
  • No juzgo necesario pisotear a nadie ni intentar perjudicar a tu adversario.
  • Ernesto Sabato: «Yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza cuentan más».
  • Le dije: «Le puedes ganar en actitud, en ilusión. Contra su superioridad tenística, poco puedes hacer. Pero puedes ganarle con tus ganas. Juega cada punto como si te fuera la vida en él, como si fuera el último punto del partido. Hay otras cosas que también entran en juego».
  • Hay una premisa que precede casi todos los valores que hemos perseguido: la objetividad.
  • La ilusión sin esa objetividad que la debe acotar es demasiado pueril. Un adulto puede desilusionarse por razones de peso, pero debería ser monopolio de los más pequeños llevarse una decepción por partir de una valoración propia inadecuada.
  • La actitud más poderosa de todas es la que viene impulsada por la ilusión.
  • La ilusión es lo que da sentido a todo, según mi concepto de la vida. Si no tengo ilusión, muy difícilmente voy a perseverar y, por tanto, muy difícilmente voy a conseguir nada.
  • Estar contentos con lo que hacemos depende mucho más de nosotros que de las circunstancias.
  • Para mí es tan importante la actitud como la aptitud. Y es definitivamente más importante la formación del carácter que el entrenamiento tenístico.
  • Como casi todas las virtudes que podemos desplegar, se entrena. Si uno piensa lo contrario, es muy tentador amilanarse.
  • Con ilusión se persevera mucho más. La ilusión es un motor que te impulsa a trabajar y a no desfallecer.
  • Sería muy ingenuo si entendiera que la ilusión por sí sola es suficiente para conseguir objetivos.
  • Roger Federer tiene un tenis realmente elegante, todos sus golpes tienen una técnica y una armonía que rozan la perfección. Además de esto, tiene talento. El talento es lo que ha llevado al tenista suizo a ser el mejor de la historia, no la belleza de sus golpes. Hay una tendencia a confundir estilo con talento.
  • Talento es la capacidad de desarrollar un aprendizaje. Cuanta más capacidad tiene uno de aprender una disciplina, más talento tiene. El que tiene talento encuentra el camino que lo conduce a sus objetivos. El que tiene talento es el que se da más oportunidades.
  • Hay niños que aprenden muy rápido y muy pronto. Lo que ocurre después, en ocasiones, es que ese aprendizaje tan veloz y llamativo se ralentiza o, incluso, se estanca. Eso era un precoz aprendizaje. El talento se produce cuando la capacidad de aprendizaje tiene largo recorrido. El talento sí que te lleva a lograr los objetivos si éstos se persiguen y se hace lo necesario y correcto para lograrlos.
  • Jamás he considerado que una de mis aportaciones tuviera que ser motivar a mi sobrino. He intentado que aprendiera a jugar al tenis, por supuesto. He intentado que se adaptara al juego cambiante, a las circunstancias cambiantes, también. He intentado que su formación técnica fuera acompañada de la que me parece más importante: la formación del carácter.
  • Una correcta formación del carácter, junto con una correcta formación emocional, si es que no es lo mismo, es lo que me excluye de ser el encargado de motivar a mi sobrino.
  • No me queda más remedio que definirme como un entrenador anárquico, poco ortodoxo y, cuando menos, lateral. Nunca he seguido los manuales clásicos y es por esto por lo que, a veces, me resulta complicado encajar en una determinada escuela o corriente.
  • Mis propias reglas han sido algo cambiantes por estar en constante evolución.
  • Mi respuesta más repetida en términos formativos es: «Depende».
  • Yo encaro el tenis según mis principios, no según las teorías de este deporte.
  • Nuestro método se basa exclusivamente en «mi» lógica, «mi» sentido común y «mis» reflexiones.
  • La reflexión primera sobre la que yo he basado toda nuestra labor es que la vida en general, a pesar de toda su complejidad, y el tenis en particular son mucho más simples de lo que queremos creer.
  • Como punto de partida, mi forma de entender el mundo y mi forma de acercarme al tenis ha sido siempre la simplicidad. No me gustan las explicaciones estrafalarias y rebuscadas sobre algo tan sencillo conceptualmente como pasar una bola por encima de una red y colocar donde no está el adversario.
  • Hay que reconocer que vivimos en un mundo en el que se da boato e importancia a la actividad más simple si ésta tiene repercusión. Y el tenis es una de ellas.
  • Me gusta escuchar todas las opiniones y prestarles atención, pero las que parten de mi propio análisis, siempre son sencillas.
  • Cuanta más gente está autorizada a opinar e intervenir, por muy válido que sea cada cual, más complicado se vuelve todo.
  • Yo soy un acérrimo defensor de que cada cual se ocupe de lo suyo y de que cuanto menos opinemos de lo que le corresponde a otro mejor.
  • Yo soy un individualista. Soy muy poco gregario en todos los ámbitos de mi vida aunque sé que esto está muy mal valorado hoy en día.
  • Cuando Rafael era joven, él nunca supo con qué tipo de cordaje jugaba, ni el peso que llevaba en la raqueta. Yo no quería que tuviera en la cabeza cosas que fueran ajenas a su preparación tenística y mental porque entendía que esto le haría más delicado y frágil.
  • Yo creo muy profundamente en un correcto adiestramiento y en lo inaplazable que es. El aprendizaje se da en el marco de unos años preciosos que no entienden de reválidas ni de segundas oportunidades. El deterioro del carácter que sigue a una mala formación se me antoja irrecuperable.
  • Yo pienso que cuando tú facilitas las cosas, unos aspectos mejoran, pero otros se resienten. Se resiente y se debilita, sobre todo, el más importante de todos: la cabeza. Hoy en día está bastante extendido que los chavales en plena formación deportiva tengan todo tipo de atenciones: psicólogos, fisioterapeutas, nutricionistas, médicos. Nosotros no hicimos nada de todo esto. Y lo volvería a hacer igual.
  • Un conejo en estado salvaje desarrolla unas estrategias que pierde si lo ponemos en una jaula y le damos comida puntualmente y todos los cuidados. En este caso, pierde reflejos, atención, se acomoda y deja de saber defenderse.
  • Hasta que mi sobrino tuvo un carácter bien consolidado, me opuse con resistencia a que pudiera disfrutar de comodidades.
  • La alta competición es muy agresiva y se tienen que cuidar muchos aspectos porque las diferencias entre los tenistas son milimétricas.
  • No me parece una  buena ideas querer creer que la victoria o la derrota, una buena racha o una mala racha, dependen de factores externos como una cena de pizzas o una partida de ping-pong previa a un partido.
  • Hoy en día, estamos muy sometidos a un modelo claramente heredado de Estados Unidos, sobre todo en el mundo de la empresa, que consiste en dar vital importancia a todo tipo de detalles hasta convertirlos en concluyentes. Se ha puesto de moda un modelo que a mí me resulta más amenazante que útil.
  • Las lealtades férreas adolecen de perspectiva y de objetividad y, por tanto, llegan a ser perjudiciales en vez de beneficiosas.
  • Mi defecto personal más acentuado: la tentación de buscar argumentos plausibles para demostrar que pienso exactamente lo contrario de lo que me imponen. Yo he intentado preservar mi marco de actuación y someterlo exclusivamente a mi propia decisión. Nunca he querido verme arrastrado por la corriente, por las modas y, mucho menos, por estrategias o tendencias formativas que alguien ajeno ha pensado para mí.
  • La sensación que me producen estas nuevas tendencias es que nos estamos instalando definitivamente en un mundo en el que se confía poco en la responsabilidad individual. Rehuimos, por normal, la gestión del individuo capaz. Y esto es propio de sociedades infantiles.
  • Nosotros hemos rehuido siempre los rituales, las consignas, los eslóganes o los gritos de guerra.
  • Si yo le diera un lema a mi sobrino, al día siguiente yo mismo entraría en contradicción porque nunca detengo la evolución de mis teorías. Por simples que sean.
  • He intentado que él encontrara sus propias soluciones. El entrenamiento es una ficción que te prepara para afrontar el partido que es la realidad. Para el partido lo que sirve son las soluciones, las respuestas, hacer lo que tienes que hacer.
  • Lo importante al fin y al cabo es el estímulo personal, el impulso intrínseco. Mi papel ha sido éste. El de propiciar un despliegue de características y actitudes.
  • Ser un buen profesional pasa por cuidar todos los detalles con esmero.
  • Cuando mi sobrino no ha dado resultados positivos, mi tendencia ha sido buscar las causas en lo que podemos modificar con nuestro trabajo en la pista.
  • entrada original: https://raulbarraltamayo.wordpress.com/2022/03/24/todo-se-puede-entrenar-de-toni-nadal/
  • La lucha de Rafael ha estado siempre en la idea de superarse a sí mismo.
  • Si doy la culpa a la pasta que no estaba al dente, a las bolas o al viento, acabaré pensando que todo es determinante en la derrota y que nunca la culpa es de uno mismo. Esta es la tendencia natural de los seres humanos, buscar excusas y justificaciones que nos liberen de la responsabilidad.
  • Solón, uno de los siete sabios de la Antigua Grecia: «Sin método, orden, voluntad, esfuerzo y sacrificio no son posibles ni el genio ni el triunfo».
  • Aun sabiendo que la premisa de Solón no siempre se cumple, quise creen en ella, adoptarla y seguirla como único camino posible para alcanzar las metas que teníamos mi sobrino y yo.
  • Yo tenía unos anhelos, quería intervenir y quería hacerlo aplicando unos valores y no esperando la suerte del afortunado. Yo persigo, por principios, la satisfacción.
  • El mundo sería mucho mejor, mucho más justo y probablemente estaría poblado por personas más felices si el éxito se engendrara en el esfuerzo, en el sacrificio y en la dedicación que pusiéramos en las cosas.
  • El valor filosófico del deporte es el sacrificio y el esfuerzo que nos ayudan a construirnos como personas capaces de enfrentarnos a cualquier otro episodio vital. Es una recompensa supuestamente merecida a una labor ardua. El deporte tiene un componente épico-justiciero que lo hace sumamente atractivo.
  • Quise creer en la frase de Solón porque sé que para la mayoría de gente, para la gente normal como mi sobrino, es el camino más fácil para alcanzar el éxito.
  • Para casi todos nosotros la forma más efectiva de conseguir unas metas es a base de perseverar, de esforzarse, de hacer unos sacrificios, de llevar un orden, una disciplina. Esto ha sido así toda la vida.
  • Woody Allen: «El 90 por ciento del éxito se basa simplemente en insistir».
  • El nivel de un tenista, de un futbolista, de un cantante, de un médico, o de quien sea, no es el del día bueno. Es el de los días buenos, de los malos y de los mediocres. Nuestro nivel se mide por nuestro rendimiento. La calidad se determina todos los días y sólo aceptando esto demuestra uno que tiene intención de mejorar.
  • Muchas veces damos por sentado que hay características que nos son intrínsecas y que son inalterables. Y se usan, no pocas veces, como justificación fatal a lo que no se ha conseguido, o como una aceptación adelantada de lo que no podemos conseguir.  «Si no fuera porque se presiona tanto, ganaría más partidos». El «si no fuera por» es una especie de circunstancia que entendemos ajena a nuestro consentimiento.
  • Hay tantas modalidades de frases justificantes como situaciones que se tornan adversas. Nos gusta más alardear de lo que podríamos hacer, si quisiéramos, que de lo que podemos hacer realmente con esfuerzo. En pocas palabras, no nos gusta presumir de trabajar.
  • Observar y aceptar nuestras debilidades es el punto de partida para superarlas y para luchar por unos objetivos.
  • En mi papel de formador me ocupo de que mis pupilos identifiquen sus propias carencias y de que las acepten, pero no para resignarse, sino para poder prosperar.
  • Sólo con la insatisfacción se busca el avance. Y esto no tiene por qué ser negativo.
  • La única forma de avanzar es a base de que nos hagan reconocer que no sabemos lo suficiente o que no hemos desarrollado todo nuestro potencial.
  • La primera condición que se debe dar para adoptar la idea permanente de que hay que mejorar es saberse NO suficientemente bueno.
  • Cierta dosis de inseguridad combinada con una vehemente intención de superación puede ser un buen revulsivo.
  • El que se cree muy bueno haciendo algo, aun siéndolo, abandona la lucha por progresar.
  • El autoengaño es un arma letal.
  • Casi siempre he puesto un estudiado empeño en que se fuera de los entrenamientos diarios con un cierto grado de insatisfacción. La insatisfacción es el alimento de los objetivos por conseguir. No hay más.
  • Como mi mayor defecto es ese espíritu crítico que me lleva a no contentarme nunca del todo, al final no consigo obtener descanso.
  • Un segundo elemento imprescindible para ser capaces de mejorar es aceptar que aprender cuesta. Siempre ha sido así, a no ser que estés tocado por una varita mágica.
  • Aprender y mejorar cuesta, no a todo el mundo por igual, pero requiere siempre un esfuerzo. La labor de los profesores y, por encima de todo, de los padres es enseñar a amar el esfuerzo. El esfuerzo no es un castigo. Aceptar que las cosas cuestan es un elemento inevitable de una buena formación.
  • Es una frase muy manida esa que dice: «Lo importante es que los hijos hagan lo que les gusta». Yo pienso que lo importante es enseñarles a que les guste lo que hacen, sea lo que sea, y, por supuesto, predicar con el ejemplo. Hacer sólo lo que nos gusta o lo que nos divierte desemboca muy fácilmente en el fracaso.
  • He creído profundamente en el poder de la palabra, en el contagio verbal. Hablando se inflaman los ánimos.
  • Un elemento imprescindible: tener confianza en uno mismo.
  • Siempre he considerado que muy pobre es la autoestima del que necesita que continuamente le valoren, e incluso le sobrevaloren, su despliegue de aptitudes.
  • Cuando entras en el circuito mundial las inseguridades hacen acto de presencia incluso para la personalidad más sólida.
  • Tener la tranquilidad de haber hecho todo lo que estaba en tu mano es lo que te confiere la seguridad en ti mismo. Pasa lo mismo en cualquier ámbito.
  • El entrenamiento, cualquier entrenamiento, aprendizaje o mejora se gestan en la cabeza. Si no hay reflexión previa, un análisis bien meditado, es más difícil tener claros los objetivos y, mucho más aún, dar con la senda adecuada.
  • Sin objetivos todo se diluye, no se puede trazar una ruta porque no sabemos adónde vamos.
  • Si el objetivo no es elevado, la intensidad del trabajo se resiente, pierde sentido la perseverancia e, irremediablemente, se entra en un estado de somnolencia que impide el avance. Pero que sea elevado no tiene que significar que sea desmesurado.
  • Que los objetivos sean renovables es lo que ha permitido a Rafael ir coleccionando títulos y no quedarse contento con los primeros éxitos que cosechó.
  • Mi sobrino ha vivido una época del tenis que difícilmente se repetirá en la historia de este deporte, o así lo percibo yo.
  • La lucha ha sido siempre contra un solo nombre propio. La lucha ha sido contra Rafael Nadal.
  • Rafael está dispuesto, lo ha estado desde muy pequeño, a hacer cambios en su juego. Ha estado dispuesto a hacer lo que tuviera que hacer para mejorar. Y esto es quizás una de las cosas más difíciles de dominar: la tendencia a seguir haciendo lo que tenemos por costumbre. La mayoría de los humanos somos reacios a los cambios.
  • Es complicado que un tenista que tiene una supremacía sobre una superficie en la que ha conseguido 81 victorias consecutivas esté dispuesto a someterse a variaciones que lo saquen de su comodidad. Él aceptó adoptar pequeñas modificaciones en su juego que podían incluso comprometer parte de su seguridad.
  • La predisposición a no sentir compasión por uno mismo es lo que te lleva a sentirte valorado y a conseguir resultados nuevos.
  • Una persona puede ser ambiciosa y humilde.
  • Si sentimos compasión por nosotros mismos, nos ponemos las cosas mucho más difíciles. Sólo aceptando que el camino no es llano, nos pondremos las botas para escalar.
  • Un carácter bien entrenado, un carácter entrenado en la fortaleza, es sumamente importante para gestionar el éxito y el fracaso, pero sobre todo la incertidumbre. Mientras buscas el uno o padeces el otro, hay muchísimas horas y días de incertidumbre. Pasa en cualquier ocupación un poco ambiciosa.
  • A veces, cuando me han preguntado cómo puede sobrellevar Rafael el esfuerzo sin quejarse más de la cuenta, sin poner mala cara, cómo puede cumplir con tantos compromisos y, sobre todo, superar los momentos adversos en la cancha de tenis, ser capaz de darle la vuelta a un partido con un marcador en contra, ser capaz de aferrarse a una mínima posibilidad, mi respuesta es siempre la misma: «Porque está acostumbrado a hacerlo. Es lo que ha hecho siempre. Se ha ejercitado, a diario, en la superación de obstáculos. Si no fuera así, no podría llevarlo a cabo en el momento de máxima tensión. Tiene las herramientas necesarias y las usa continuamente».
  • Todos sabemos lo que hay que hacer. Lo que no debe ser tan fácil es llevarlo a cabo, sin excepciones.
  • Nuestra tendencia es excusar, hacer una excepción, ceder, no perseverar en lo que escribiríamos en el examen. Y ésta es la gran equivocación.
  • Desde el principio di casi más importancia a la formación mental que a la formación tenística. «Será por esto, quizás, que aún no ha aprendido a sacar del todo bien».
  • La cabeza, el carácter, la gestión de las emociones, también se forma, se entrena y se trabaja.
  • Yo pienso que el carácter no es algo que se traiga del seno materno, sino que se ve afectado en gran medida por el medio ambiente, por el entorno social y por la cultura en la que se forma una persona.
  • Una persona estricta es la que no entiende la excepción, es la que tiene una actuación inalterable en su forma de trabajar.
  • Lo que yo tolero peor es la falta de esfuerzo, de entrega, la dejadez. La queja. Sobre todo, la queja. En esto sí que soy bastante intransigente. Hablo, en general, de las personas que tienen por norma observar sólo la parte negativa.
  • La queja me molesta, no sólo en el tenis. Es una actitud ante la vida poco agradable y, probablemente, añade dificultades al contexto.
  • Ocúpate en esmerarte, que ya tienes suficiente tarea con ello, y no me pongas malas caras. No te pongas las cosas más difíciles a ti mismo.
  • A un chaval que se le permiten según qué actuaciones y según qué comodidades, se le están proporcionando unas dificultades añadidas.
  • Es imprescindible que te obliguen a ser humilde y objetivo contigo mismo.
  • Severamente importante es el abandono ante la dificultad. Es el no saber aguantar que las cosas no salgan bien. Consiste en permitir que el temperamento se apropie de lo que se puede trabajar con la voluntad.
  • Los que gritan de rabia en una pista de tenis, o en un campo de fútbol, los que insultan, los que pegan patadas o rompen raquetas demuestran una falta de control poco deseable.
  • El que ha trabajado el carácter es el que sabe aguantarse cuando las cosas no salen bien; es el que no cede ante la desesperación o ante la dificultad. La única forma que a mí se me ocurre para entrenar este aspecto es a través de la reflexión, amén de un ejercicio de autoridad e imposición.
  • La formación del carácter se trabaja no solo dentro de la pista de entrenamiento. Hay chavales que entrenan con preparadores duros en la pista pero que después disfrutan de privilegios fuera de ella que es, precisamente, lo que les malcría.
  • He sido meticuloso hasta hartar a mi sobrino con todo tipo de menudencias. Pero es que las menudencias suman y crecen hasta que dejan de serlo.
  • La experiencia, desde siempre y hasta hace escasamente unas décadas, era un valor bastante apreciado. Hoy en día, cuando la ancianidad se considera decrepitud y las vivencias de nuestra época no digital un atributo de escaso valor, desdeñamos el peso que había tenido en toda la historia de la humanidad contar con el legado de las vidas vividas.
  • Ésta es, para mí, una parte fundamental en la formación del carácter. Las dudas, las interrogaciones nos hacen más humanos, más cercanos, más personas.
  • La capacidad de pensar en algo distinto de nosotros mismos y de nuestra manera de ver las cosas nos proporciona una humildad imprescindible para ser capaces de superar cualquier reto.
  • Un chaval que se cría pensando que tiene siempre la razón, que es especial, que lo hace todo bien, carece de armas para elaborar soluciones propias.
  • La formación del carácter consiste en dar lecciones a diestro y siniestro, a diario, en abrir interrogantes continuamente, en sembrar dudas para motivar la capacidad para superarlas.
  • Acostumbrarse a la incomodidad, a las dificultades continuas y a la necesidad de resolverlas personalmente, nos dará seguramente las herramientas que nos permiten avanzar hacia nuestros objetivos.
  • Estamos abandonando siglos de sabiduría para dejarnos llevar por un ideal poco real que se parece, cada vez más, al mundo antiutópico que describió Aldous Huxley en Un Mundo Feliz. Estamos abandonando el ejercicio de la reflexión para abandonarnos a nuestra suerte pueril con la esperanza de que nada malo nos pasará, de que estamos protegidos por tanto bienestar, por tanta tecnología, por tanto conocimiento científico, por tanta proliferación de éxitos deportivos, musicales, científicos que nos hacen sentir que somos la repera.
  • Si nos acostumbramos a que nos resuelvan el más mínimo problema, acabaremos siendo incapaces de solventar nada por nosotros mismos. La proliferación excesiva de psicólogos, gurús, coaches, salvadores varios nos ha ido inutilizando o, por lo menos, debilitando en nuestra tarea de ser capaces de superar dificultades por nuestros propios medios.
  • Si nos acostumbramos a tomar una aspirina cada vez que sentimos una mínima molestia, o incluso antes de que ésta aparezca, al final tendremos una adicción que nos hará dependientes y nos impedirá desarrollar nuestras propias soluciones. Y lo que es peor, dejará de surtir efecto.
  • De entre todas las corrientes hedonistas, la que responde más a mi forma de entender la vida es la escuela que fundó Epicuro. Según la ética epicúrea, el modo de lograr la felicidad está basado en la autonomía y la tranquilidad de ánimo. Grosso modo, perseguía encontrar el placer y evitar el dolor.
  • El concepto de prudencia y sensatez, junto con su característica austeridad, se ve doblemente refrendado por la otra corriente helenística con más peso: el estoicismo.
  • Yo siempre he pensado que en nuestra persecución de la felicidad debíamos construirnos nuestro universo ético. Debía haber unos principios, una construcción personal, un «cómo», y no sólo un «qué». El «cómo» también te da éxito pero sobre todo, probablemente, es lo que te da la felicidad.
  • El estado de bienestar y comodidad al que hemos accedido nos ha beneficiado en muchos aspectos, pero también nos ha debilitado en otros porque nos ha conducido a un terreno donde impera la confusión. Hemos conseguido creernos que tenemos derecho a todo, incluso a no sufrir adversidades.
  • Hay una laxitud emocional entre las generaciones más jóvenes que poco ayuda a enfrentarse a los reveses de la vida. Ésta, cuando tenemos la suerte de no sufrir desgracias personales, es un cúmulo de adversidades y querer pensar lo contrario es de una mentalidad pueril.
  • Mi máximo objetivo fue sólo uno: preparar a mi sobrino para superar la dificultad.
  • Con la responsabilidad gestionamos lo que depende de nosotros, la persecución de los objetivos que nos hemos marcado. Con la capacidad de aguante gestionamos lo que no depende de nosotros, es decir, la adversidad.
  • No elevar los inconvenientes a la categoría de problemas. Si adoptamos una visión tremendista de la realidad, es muy fácil que nos sintamos incapaces de resolver el revés, por pequeño que sea.
  • Dalái Lama: «Quien no considera la adversidad como algo natural, acaba buscando culpables».
  • Es necesario relativizar lo que no depende de nosotros, no sentirnos superados ante lo que son inconvenientes naturales o normales.
  • A la queja es muy fácil acostumbrarse si te la permiten, por bueno o dócil que seas. Es un resorte cómodo y si no recibe una contención forzada justo al principio, tiene malas consecuencias.
  • Cuando cualquier incomodidad nos sirve de lamento, también nos sirve de excusa.
  • He manifestado en distintas ocasiones que Rafael es, probablemente, el tenista que ha ganado más partidos jugando mal. Raramente se da por vencido y esto se debe a su capacidad de aguante. Él entiende y asume con naturalidad que no siempre estás al cien por cien. Que tu rival puede ser mejor que tú lo entiende como algo natural y, por tanto, no se derrumba e intenta buscar la victoria con lo que hay.
  • Con la adversidad pasa lo mismo que con el talento. Quien se da más oportunidades tiene muchas más opciones de superar el inconveniente que le aleja de la victoria.
  • Si no prestamos demasiada atención a lo que nos perjudica y nos centramos en lo que sí depende de nosotros, la efectividad y los buenos resultados tienen el camino más fácil.
  • Quitar importancia a lo que no tiene solución y ser positivos también se puede entrenar.
  • Relativizar tiene mucho más de actitud y de entrenamiento que de una forma de ser. Por lo menos, es lo que quiero pensar.
  • Churchill: «Con los problemas no se pacta. O los vences o te vencen».
  • Yo aprovechaba cada intercambio para animarle a que siguiera luchando. Nunca sabes lo que va a pasar. No sabes cómo va el otro. Mi intención en todo momento era que se entregara a tope a pesar de lo difícil e incluso de los imposible que era dar la vuelta al marcador. Yo quería que se acostumbrara a aguantar y a mantener su capacidad de lucha en un momento complicado, y a no aceptar que el problema le había vencido. En mis planes no cabía la posibilidad de tirar la toalla.
  • Debido a uno de mis principios más anclados, tener la certeza de que vas a perder no es razón suficiente para no luchar con convicción hasta el final.
  • Martin Luther King: «Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un manzano».
  • Si uno se acostumbra a superar adversidades, se está acostumbrando también a resolver problemas más serios cuando éstos aparezcan.
  • Las rivalidades en el mundo del tenis se mueven en un margen tan estrecho que no permiten, por lo menos a mi sobrino, ningún tipo de descanso.
  • Mi ideal, si eres un maestro, un jefe, cualquier persona cuyo trabajo se desarrolla desde la ascendencia, es ser querido. Que la persona a la que formas te quiera, en el sentido más amplio de la palabra, que quiera que seas tú quien le guíe, es para mí una aspiración de toda la vida, un puntal imprescindible sin el que sería imposible la satisfacción perseguida.
  • En otros ámbitos quizás sí, pero en la alta competición la palabra «obsesión» no pude considerarse enfermiza. Es casi necesaria para lograr las metas o, por lo menos, para acercarse a ellas.
  • Los momentos dolorosos son como un virus. No hay medicinas que sirvan para curarlos, ni paliativos, ni anestesias. Hay que vencerlos en privado, en soledad.
  • Así es como se superan los problemas y se sigue adelante. ¿Cómo? Pues, siguiendo adelante. No hay más. Ésta es la única fórmula. Son tres pasos. Aceptar que hay que estar mal. No sentir compasión por uno mismo. Seguir trabajando.
  • La costumbre de aguantar en el día a día, de ir incorporando a la normalidad los problemas, es lo que le ha permitido a mi sobrino aguantar en tantos momentos complicados y no hundirse. La costumbre, sólo la costumbre.
  • El hábito tiene una fuerza aplastante; y esto puede aplicarse tanto para lo bueno como para lo malo.
  • Yo siempre le he dicho que no hay tanta diferencia entre hacer las cosas y hacer las cosas bien.
  • A pesar de los problemas físicos y del desgaste psicológico, Rafael ganó aquel particular torneo porque tiene la costumbre de aguantarse y, aunque en este caso se lo tuve que recordar, sabe aceptar lo que va mal, se sobrepone a ello, no sin esfuerzo, y pone toda la carne en el asador. Se habituó a ello desde la niñez, está curtido, y esto, sólo esto, es lo que le permite poder hacerlo en los momentos sumamente difíciles.
  • Mi convicción de que siempre somos capaces de hacer algo más es lo que me ha llevado a presionar tanto.
  • Ésta es mi ortodoxia y, quizás, mi único mérito como entrenador: los pocos miramientos a la hora de decir lo que pienso.
  • William Butler Yeats: «En los sueños comienza la responsabilidad».
  • Los sueños personales suelen atentar descaradamente contra las barreras que imponen la improbabilidad y la dificultad, pero son también la manifestación más elevada de libertad individual.
  • George Bernard Shaw: «La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombre le tiene tanto miedo».
  • El camino más fácil y más rápido para ser responsables es reconocer que de nuestro comportamiento dependen las consecuencias de nuestras acciones.
  • Pretender que alguien se apodere de nuestra responsabilidad personal, y así nos libere de esa pesada carga que se nos cae encima cuando nos hacemos adultos, es un deseo cada vez más extendido.
  • En muchas ocasiones exigimos que alguien sea responsable por nosotros y que se nos indemnice y socorra; que seamos prevenidos por alguien, el que debería ser responsable de las acciones que nosotros, solitos, hemos decidido llevar a cabo.
  • Yo me ocupé de hacerle responsable siempre de absolutamente todo lo que le pasaba en la pista. Mi sobrino sabía que, conmigo, no podía recurrir a ningún tipo de explicación o excusa.
  • Quien piense que Rafael no ha cambiado de maestro porque yo soy el mejor para él, se equivoca. Él no me ha sustituido porque sabe que la mayor parte de las cosas que logra y que no logra dependen de él.
  • Me dijo: «Tranquilo, Toni. No voy a perder. Puede que él me gane, pero yo no voy a perder». Seis años después sigo proyectando en mi mente esas palabras que representan la máxima capacidad de aguante y el más necesario sentido de la responsabilidad.
  • Mi inquietud se debe a que la tendencia galopante en la actualidad es la de sustituir casi en su totalidad las palabras por imágenes. Y eso sí me parece preocupante. Si la imagen es impulso, acción inmediata, estímulo, la palabra es reflexión. La palabra requiere cierto grado de razonamiento. La palabra puede ser leída, escuchada, pensada, pronunciada, compartida … y a mí se me antoja como la única manera de adquirir o de procurar algún tipo de aprendizaje.
  • Cualquier proceso de mejora, cualquier avance, cualquier ejercicio de superación, está precedido por un ejercicio de reflexión.
  • En la parte que corresponde a mi actividad de entrenador me ocupé de hacerle más preguntas a mi sobrino que de darle respuestas. Sólo así se estimula el ejercicio de reflexión.
  • Lo que es verdaderamente determinante a mi modo de ver: hablar con el tenista. Saber qué decirle, cómo decírselo y cuándo decírselo. En esta simple idea se puede sintetizar el contenido de este libro y la esencia de nuestro método. Esa persecución de principios tales como la sentencia de Solón, la responsabilidad, la capacidad de aguante, la objetividad, la exigencia y la mejora continua se han trabajado exclusivamente de una forma, en nuestro caso: con la palabra.
  • Rudyard Kipling: «If you can meet with Triumph and Disaster And treat those two impostors just the same».
  • Yo nunca he logrado deducir qué extraño mecanismo puede llevar a una persona a sentirse especial por destacar haciendo una actividad. Aunque sí he llegado a una conclusión. Quien se siente especial por saber hacer una cosa bien, o incluso muy bien, tiene una condición que es incuestionable: es especialmente tonto.
  • Hay una tendencia peligrosamente equivocada a tener una consideración especial hacia los que triunfan. Esto ocurre porque esta sociedad sobrevalora el éxito.
  • El éxito tiene esto, en la actualidad. Disfruta de un valor exaltado que no deberíamos haberle otorgado porque nubla muchos valores básicos y universales que no conviene perder de vista en una sociedad saludable.
  • Lo que hace Rafael es lo que hace cualquier persona con una educación correcta y con una formación mínimamente deseable. Lo que debería sorprendernos es la actitud contraria porque esto sí que debería considerarse una anormalidad.
  • Tengo la tendencia a pensar que es mucho más fácil que las cosas te vayan bien si eres correcto y educado. Es que si no lo eres, te estás poniendo dificultades a ti mismo.
  • Las premisas y los principios en los que hemos creído desde el principio: el esfuerzo y la constancia, la ilusión, la superación, la responsabilidad y, sobre todo, la corrección.

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  1. […] Todo se puede entrenar de Toni Nadal. […]

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