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Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo de Barbara Ehrenreich – Apuntes Breves

Posted by Raul Barral Tamayo en Jueves, 23 de agosto, 2012


Copyright © Barbara Ehrenreich, 2009.

¿Ha perdido su trabajo? Qué gran oportunidad de cambiar su trayectoria. ¿Tiene una grave enfermedad? Quizá a partir de hoy disfrute de su vida como nunca antes. ¿No le gusta su casa? Recorte de una revista el hogar soñado, mírelo a menudo y… pronto estará viviendo allí. O pida un préstamo y cómprese todo lo que desee.

Y sobre todo, no deje de sonreír, agradecer a la vida sus regalos y sentirse lleno de optimismo.

Alguien tenía que decir ¡basta! Y ha sido Barbara Ehrenreich, aguda e incisiva, protestona y escéptica, quien diga que el pensamiento positivo, la psicología positiva y hasta la economía positiva son una dictadura. Y una broma de mal gusto. Y un peligro.

En este libro desmitificador y realista, Ehrenreich pasa revista a la influencia que esta corriente de pensamiento ha tenido en la sociedad, la economía y la vida privada la “moda positiva”.

Barbara Ehrenreich (Butte, Montana, 1941) es periodista, ensayista, activista y conferenciante. Sus columnas se pueden leer regularment en revistas como Time, periódicos como Guardian o The New York Times. Vive en Nueva York.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • La esperanza es una emoción, un anhelo, un sentimiento que no depende enteramente de nosotros; mientras que el optimismo es un estado cognitivo, una expectativa consciente, que cualquier puede alcanzar, en teoría, solo con ponerse a ello.
  • Si fuera cierto que las cosas van realmente a mejor y que la tendencia del universo es siempre hacia la felicidad y la abundancia, ¿por qué habríamos de molestarnos en pensar de forma positiva? Hacerlo es reconocer que no nos creemos del todo que las cosas vayan a mejorar por sí solas.
  • Quienes de verdad tienen confianza en sí mismos, o quienes de alguna forma han llegado a sentirse conformes con el mundo en el que viven y con su destino, no necesitan emplearse al máximo en censurar y controlar lo que piensan.
  • Fue en el siglo XIX cuando apareció el pensamiento positivo como formulación sistemática, entre un grupillo diverso y fascinante de filósofos, místicos, curanderos y señores de clase media.
  • Max Weber: “Las raíces capitalistas hay que hallarlas en el enfoque vital severo e inflexible del calvinismo protestante, una religión que exigía sus fieles dedicarse a trabajar de sol a sol y acumular riquezas”.
  • Dado que el optimismo es la clave para el éxito material si uno practica el pensamiento positivo, no hay excusa para el fracaso. El reverso de lo “positivo” es la machacona insistencia en la responsabilidad individual.
  • Nunca he sido especial admiradora de lo natural, ni creo en eso de que “el cuerpo es sabio”. Si hay algo natural es la muerte.
  • Lance Armstrong: “El cáncer es lo mejor que me ha pasado en la vida”.
  • Se podría argüir que un poco de pensamiento positivo no hace daño, que incluso puede venirles muy bien a los afligidos. Lejos de dar sustento emocional, se cobra un tributo terrible. Requiere que se nieguen una serie de sentimientos tan comprensibles como la ira y el miedo. Además hay que esforzarse mucho para mantener ese tono vital tan animado que los demás esperan, y es un esfuerzo que puede no estar contribuyendo a la prolongación de la vida.
  • El peso de no ser capaz de pensar en lo positivo gravita sobre el paciente como una segunda enfermedad.
  • El cáncer de mama no me hizo más bella ni más fuerte ni más femenina, ni siquiera una persona más espiritual. Lo que me dio fue la oportunidad de encontrarme cara a cara con una fuerza ideilógica y cultural que nos anima a negar la realidad, a someternos con alegría a los infortunios, y a culparnos solo a nosotros mismos por lo que nos trae el destino.
  • Puede que no sea del todo mala idea separarse de un cónyuge que se pasa la vida despotricando, pero no resulta tan fácil abandonar a un crío de dos años caprichoso, o a un bebe llorón, o a ese hijo adolescente que está siempre de morros.
  • Quitarse de encima a la gente que “te da bajón” significa correr el riesgo de quedarse solo o, peor aún, desconectado de la realidad.
  • En el mundo del pensamiento positivo, los demás solo tienen sentido si nos animan, nos aplauden y nos reafirman.
  • Por supuesto, si los poderes de la mente fueran de verdad “infinitos”, uno no tendría por qué eliminar de su vida a la gente negativa.
  • En el mundo de lo “que tú decidas que es verdad, es verdad”, ¿qué tipo de conexiones puede trazar la gente entre sí?
  • Las élites de antes presumían de su vida ociosa, mientras que las de ahora se jactan de estar “agotados”, siempre “metidos en mil líos”.
  • El peso del calvinismo sobre el individuo, el peso de ese esfuerzo constante y ese continuo autoexamen que lleva al odio de sí mismo, puede resultar insoportable.
  • El calvinismo no brinda ningún consuelo al individuo, pero fomenta el sentido de grupo, de congregación.
  • Cuando May Baker Eddy y Phines Parkhurst Quimby se conocieron, en la década de 1860, nació el fenómeno cultural que hoy conocemos como “pensamiento positivo”.
  • Quimby, que era un pensador arriesgado, aunque en absoluto antirreligioso, llegó enseguida a la conclusión de que muchas de las dolencias de sus pacientes tenían su origen en el calvinismo. Quimby empezó a ganarse una discreta fama gracias a su “charla curativa”, con la que intentaba convencer a los pacientes de que el universo era fundamentalmente benévolo, y de que podían utilizar sus propios poderes mentales para curar o “corregir” sus dolencias.
  • Si una de las mejores cosas que se pueden decir del pensamiento positivo es que consiguió erigirse en alternativa al calvinismo, una de las peores es que acabó manteniendo algunos de los rasgos calvinistas más tóxicos: la forma despidiada de juzgar y la insistencia en hacer una constante labor de autoexamen.
  • Recuerdo lo mucho que me costó confesarle a mi madre que no veía bien la pizarra en el colegio: nosotros no éramos el tipo de gente que necesita gafas.
  • En la literatura de autoayuda positiva todo son “reglas”, listas de tareas, formularios de “autoevaluación” y ejercicios. Se trata de instrucciones prácticas para realizar un tipo de condicionamiento o de reprogramación que el yo interno debe conseguir sobre sí mismo.
  • El libro que empujó a los norteamericanos del silo XX (y de paso a la población mundial) a realizar este incesante trabajo de pensar en positivo fue El poder del pensamiento tenaz de Norman Vincent peale, publicado en 1952.
  • Los más fáciles de convencer son quienes están luchando con una enfermedad grave, y también los que se hallan en el paro o en empleos poco estables.
  • Las multinacionales compran productos de motivación al por mayor, para regalárselos a sus empleados.
  • En una película de Woody Allen, Toma el dinero y corre, al personaje que interpreta Allen lo torturan encerrándolo en una habitación con un vendedor de seguros. El entusiasmo de los comerciales nos resulta falso; se les considera la quintaesencia de la persona vacía.
  • Hoy ya no hay “neurasténicos”, pero sí muchas enfermedades de componente psicosomático, en gran parte de las cuales, efectivamente, viene bien ese enfoque de “la mente por encima de la materia”.
  • Existen toneladas de artículos que demuestran que las personas optimistas o felices suelen tener mejor salud que las amargadas y pesimistas. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se limitan a establecer correlaciones, pero no dicen nada sobre la causalidad: ¿esas personas están sanas porque son felices, o son felices porque están sanas?
  • El pensamiento positivo popular tiene orientación política de todo tipo.
  • Cuando se tienen niños disminuye la felicidad de los padres.
  • El “ascensor” entre clases sociales funciona mucho menos en Estados Unidos que en países como Alemania, Canadá, Finlandia, Francia, Suecia, Noruega o Dinamarca.
  • paul Krugman: “¿Por qué nadie había visto que todo era un negocio piramidal de dimensiones descomunales? A nadie le gusta un aguafiestas”.
  • Steven Pearlstein: “El eje de cualquier burbuja económica es una epidemia de autoengaño que infecta no sólo a millones de inversores sin formación, sino también a muchos de los ejecutivos y banqueros más inteligentes, expertos y sofisticados”.
  • El ser portador de malas noticias puede costarle a uno la carrera.
  • No es cierto que la alternativa al pensamiento positivo sea la desesperanza. El pensamiento negativo puede resultar tan engañoso como el otro.
  • La alternativa es tratar de salir de uno mismo para ver las cosas “como son”, pintándolas lo menos posible con los colores de nuestros sentimientos y fantasías, y entendiendo que el mundo está lleno de peligros y oportunidades casi por igual, y que es posible vivir la mayor de las felicidades aunque siempre esté ahí la certeza de que vamos a morir.
  • El imperativo de mantener la cohesión con el grupo en ocasiones puede anular el realismo y el sentido común, haciendo que nos lo pensemos mucho antes de enfrentarnos a lo que creen los demás o decidirnos a ser quienes dan las malas noticias.
  • El progreso intelectual humano es el resultado de una larga lucha por ver las cosas “como son”, o al menos por verlas de la forma más universalmente comprensible, no como proyecciones de nuestros sentimientos.
  • Ronald Reagan: “Confía, pero verifica”.
  • Todos nosotros, en nuestras vidas diarias, por muy recalcitrantemente optimistas que nos sintamos, nos apoyamos en lo que la psicóloga Julie Norem llama “el pesimismo defensivo”.
  • Una de las conducta más esenciales y cotidianas del ser humano, que es la de cuidar a los hijos, requiere asimismo de mucha vigilancia y muchas preocupaciones.
  • La intención es adquirir la capacidad de pensar no pensar positiva, sino críticamente; y el pensamiento crítico es escéptico por definición.
  • Los mejores estudiantes son aquellos capaces de hacer preguntas incisivas.
  • El ser realista es un requisito básico para la supervivencia, tanto en los seres humanos como en cualquier especie.
  • La insistencia del pensamiento positivo en que nos concentremos en que todo va a salir bien, en vez de buscar los peligros que acechan, contradice uno de nuestros instintos más básicos, un instinto que compartimos no solo con los primates y los mamíferos, sino con los reptiles, los insectos y los peces.
  • Creemos que los dictadores mantienen el poder gracias al miedo, pero algunos de los regímenes más despiadados y autoritarios del mundo han exigido de sus súbditos un optimismo irredento y un constante buen humor.
  • En la Unión Soviética, igual que en los países del Este y en Corea del Norte, los censores exigían que el arte, la literatura y el cine estuvieran llenos de alegría, que los héroes fueran felices, que la trama hablara de lograr las cuotas de producción y que el final feliz pasara por un glorioso futuro revolucionario. El pensamiento negativo estaba penado en la práctica.
  • Si hablamos en términos globales, el mayor obstáculo para la felicidad es la pobreza. Los países más felices del mundo suelen ser los más ricos. Dentro de cada país, la gente más rica tiende a ser más feliz.
  • Durante siglos, al menos desde la reforma protestante, las élites económicas occidentales se han regocijado en la idea que ser pobre es una situación voluntaria. Los calvinistas la consideraban una consecuencia de la dejadez y las malas costumbres.
  • En las colas del paro y las de la beneficencia hay tantas hormigas como cigarras, tantos optimistas habituales como depresivos crónicos.
  • No deberíamos permitirnos olvidar lo vulnerables que somos, la facilidad con que se puede caer en la indigencia.
  • La felicidad nunca está garantizada, aunque uno sea rico, le vaya bien en la vida y tenga amor.
  • Nos enfrentamos a problemas reales, y solo podremos afrontarlos si pensamos menos en nosotros mismos y nos ponemos manos a la obra en el mundo real.

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raul

4 comentarios to “Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo de Barbara Ehrenreich – Apuntes Breves”

  1. […] Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo de Barbara Ehrenreich. […]

  2. Maicro said

    “La felicidad nunca está garantizada, aunque uno sea rico, le vaya bien en la vida y tenga amor.”

    Porque la felicidad es una elección personal. Si la basamos en cosas ajenas a nosotros, si éstas caen, ¿qué le pasa a nuestra felicidad?

  3. […] Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo de Barbara Ehrenreich. […]

  4. […] Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo de Barbara Ehrenreich. […]

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